Dentro de esas obras maestras de la literatura, se
encontraba una mexicana, a mucho orgullo: Noticias del Imperio. Para muchos,
sorprendente. Nada de Carlos Fuentes, nada de Octavio Paz (que no era
propiamente un novelista). En cambio,
sí, una obra de Fernando del Paso, tan grande como un Éverest.
“Noticias del Imperio” es una obra que Fernando del Paso
tardó años en escribir. Buena parte de la beca de la Fundación Guggenheim se gastó
en su creación. Comenzar a leerla explica el por qué se tardó tanto, y porqué
difícilmente un autor podría escribir dos obras como esa a lo largo de su vida
creativa.
Aclaro un poco las cosas. Soy aficionado a los libros de Ken
Follet, aunque ya me parecen un tanto repetitivos. Es maestro en la novela
histórica, y demuestra un profundo nivel de investigación. Sus libros tienen
coherencia secuencial, y buen nivel de verosimilitud. Claro, siempre bajo la
visión del autor, al que adivino como socialdemócrata convencido. Desde esos
prismáticos otea el horizonte físico e ideológico de sus personajes.
Sin embargo, si comparo las obras de Follet, con “Noticias
del Imperio”, me parece que el “Invierno del mundo” se queda en un buen
proyecto de investigación de bachillerato, mientras que la novela de Del Paso es
una tesis de doctorado que se acreditó con honores.
La obra es profusa en todo: datos, personajes, desarrollo,
recursos, consideraciones, fuentes bibliográficas, evidencias de investigación,
prosa, poesía, humor, pensamiento lógico, reflexión. Simplemente, lo es todo.
Es más que una novela. Prosa, poesía y drama en una sola producción.
Es la segunda vez en mi vida que leo “Noticias del Imperio”.
Al releerla, me congratulo que la primera lectura haya sido en mis años de
bachillerato. No es una novela fácil de leer. Es muy atrayente. Pero es tan
amplia en todo, que puede cansar a cualquiera si la quiere como lectura de un
solo fin de semana.
Por principio, tendría que decir que le hace honor a su
título. La novela es un fiel reflejo del entorno político, social, cultural,
ideológico y económico que rodeo esa efímera aventura que llamamos “El Segundo
Imperio”. En rigor, los años de 1864 a 1867 de la historia de México.
En verdad, es mucho más que eso. Al leer la novela, todos
los datos que logramos entrever (tácita o sesgadamente) nos arrojan un panorama
completo del mundo a mediados del siglo XIX. Sus XXIII Capítulos nos orientan
cronológicamente entre 1861 y 1927. Pero
si hablamos de Maximilano, hablamos también de las circunstancias de su
nacimiento. Si hablamos de Napoleón III, hablamos también del Napoleón II y
Napoleón I. Si hablamos de Carlota, tenemos que remontarnos hasta el año de
1927, el de su muerte.
El panorama se amplía irremisiblemente, ante la mirada del
lector. Y cualquiera puede ser narrador.
Casi la mitad de los capítulos nos remontan a Carlota, el año de 1927, la cual
habla con un Maximiliano onírico y recapitula todas las partes de la historia.
En tono de prosa poética, desgrana cual rosario todas las quejas, inquietudes,
reminiscencias, amores y recuerdos de la
pobre mujer encerrada.
El resto de los Capítulos y subdivisiones, constituyen los
más diversos narradores: ora es el autor en tercera persona, a manera de
disertación; ora es un soldado francés, que se “cartea” con su hermano en
París. Puede ser una prostituta que se confiesa con el cura, o bien un espía
republicano que relata la batalla del Río Camarón. También Maximiliano forma
parte de esta flota narrativa, e incluso miembros del clero. La versatilidad en
los espectadores es sorprendente. No he visto otra igual en obra semejante.
Si uno lee “Noticias del Imperio”, requiere tener cierto
gusto por la historia. O, al menos, una buena base de interés propio en los
personajes principales. Necesita entrar al libro con buena información de
fondo, pero saldrá con mucho más. Advierto, el camino no es fácil. Nada más
alejado de las novelas comerciales con narraciones simplistas y en primera
persona. Olvídense de la línea argumentativa única, y de mirar el mundo con los
ojos de una sola persona. Más bien, miraremos a un par de personas con los ojos
de todo el mundo a su alrededor.
Definitivamente, es un libro que recomiendo. Pero no lo
recomiendo para personas con prisa o para mentes cansadas. Se tendrá que leer,
poco a poco, con intensión de asimilar. El Everest nunca se escala en un solo
día. Y las experiencias obtenidas por su conquista, son irremplazables.