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viernes, 11 de octubre de 2013

LAS LEGIONES MALDITAS. De epopeyas y otras cosas.

¿Qué criterios podemos utilizar para clasificar un hecho histórico como epopeya? ¿Las repercusiones del mismo? ¿La importancia de los participantes? ¿El número de los implicados? ¿Todos juntos a la vez? Formular una respuesta, puede parecer en un principio fácil. Lo más probable es que enumeremos como ejemplos a hechos aprendidos como epopeyas, sin antes haberlos filtrado por alguno de los requisitos.

Me sorprendo a mí mismo cuando contrasto los números y la trascendencia de ciertos hechos históricos de escala mundial, con los de nuestra querida historia patria. Me siento más pequeño, y de repente creo que nos hemos sobredimensionado a nosotros mismos. Las más sangrientas batallas de la revolución mexicana apenas serían comparables en número, con algunas de las batallas que los romanos llevaron a cabo en la Segunda Guerra Púnica.

Claro, si preguntamos en las calles de cualquier ciudad mexicana al ciudadano promedio, acerca de las Guerras Púnicas, seguramente pensarán que los estamos albureando. Sui preguntamos sobre el Imperio Romano, probablemente recordarán algún par de datos de cultura general, y más escenas de series de televisión o películas que forjaron una serie de juicios y prejuicios en nuestro imaginario colectivo. Los veteranos recordarán su experiencia con Calígula en algún cine céntrico de los setentas. A ese nivel hemos llegado.

No sé en realidad por qué me apasiona la historia de Roma. Supongo que tiene ese nivel suficiente de emoción que representan todos los avatares de su nacimiento, crecimiento y coronación como el auge de la cultura occidental. Muchos de los “inventos” de la era moderna, eran de uso común para aquellos ciudadanos. Pocos países en la actualidad se podrían jactar de tener un ejército de doscientos mil soldados. Para los Romanos, eso era pan de cada día.

De qué trata “Las Legiones Malditas”. De los acontecimientos circundantes a una de las batallas más epopéyicas (permítanme el término por esta vez) de la historia. Me refiero a la Batalla de Zama, donde se enfrentaron las huestes de Escipión  versus Anibal. Dos genios de la táctica militar antigua. Esa batalla decidiría el final de la Segunda Guerra Púnica, y daría en definitiva el dominio a la República Romana del Mediterráneo Occidental.

No es Alejandro Magno, ni  los israelitas huyendo de Egipo. Pero mal haríamos en minimizar dicho acontecimiento, como lo hicieron los gobernantes helenizados de toda la parte oriental del Mare Nostrum. Veían a Roma como un pueblo semibárbaro, que tenía la fortuna de ubicarse en una parte del continente que no interesaba a nadie. En unos cuantos decenios, la incipiente república subyugará a todos los creídos gobernantes del lado opuestos. Solo los Partos interrumpirán este avance de poder.

El poder de Roma radicaba, en buena medida, en sus estrategias militares. Los francos de la I Cruzada sobrevivirán a su loca expedición gracias a que uno de sus jefes había leído sobre el “testudo”, famosa formación militar de los manípulos romanos. La formación legionaria superará a las falanges, y dominará el mundo occidental. ¿Sería aventurado decir que ese crecimiento empezó en Zama?

Vayamos por partes. Estamos en la segunda mitad de la guerra. Aníbal ya cruzó los Alpes y está provocando el pánico por el sur de Italia. Los romanos ya sufrieron el desastre de Cannae, y están comiendo de la mano del general. Divididos entre tantos frentes. El general Escipión trae esperanza a su pueblo, al golpear a los Cartagineses a través de sus dominios en Hispania. Ahora, Escipión tiene que convencer al Senado Romano que le permitan llevar la guerra a territorio africano, para darle a Aníbal una sopa de su propio chocolate. Por lo pronto, ha conquistado de manera audaz la capital de la colonia púnica, llamada Cartago Nova.

En suma, el libro es la historia de un desenlace inevitable. Escipión tiene que luchar contra Aníbal, para decidir el curso de la guerra. Pero el general Romano tiene que sortear numerosos obstáculos: rivales políticos, falta de recursos, traiciones internas y una amistad que parece desquebrajarse.  Hay un contrapunto que avanza, con más o menos uniformidad, en tres historias paralelas: las campañas de Escipión, el desenvolvimiento de sus rivales potenciales y la situación de Plauto y Nevio, artistas y pensadores de la Roma republicana.

La novela avanza buen ritmo, pero es muy rica en descripciones sobre los usos y costumbres romanos. El autor se deleitará en retratarnos, con nombres originales, todas las partes de un campamentos militar romano. No dudará en explicarnos, al tiempo que desarrolla la acción, cómo está constituido físicamente el edificio del senado. NO puede negar su vena de historiador y arqueólogo.

Me gustó sobremanera la narración sobre las batallas. Lentamente, parte por parte, explica los movimientos de los principales cuerpos castrenses implicados. En mi caso, es la mejor explicación que puedo obtener, para entender las razones de una victoria y derrota. Sus discursos flamígeros antes de la confrontación hacen ver la importancia de la motivación para dar la vida en dichos acontecimientos. Patria, al parecer, tenía un significado muy distinto en aquella época, si comparamos con nuestro neoliberalismo globalizador.


Escipión siempre estuvo en inferioridad numérica. Hablamos de batallas a campo abierto. Y se las ingeniaba para, con sus veinte o treinta mil soldados, vencer a ejércitos que en conjunto podrían llegar a cien mil o más. Y pensar que los norteamericanos nos vencieron en una guerra en la que dos GRANDES ejércitos de cinco mil personas cada uno hicieron pinza por el norte (Zachary Taylor) y por el centro (Windfield Scott). A eso me refería con las comparaciones iniciales. 

La batalla final, se tendrá que vencer utilizando a los derrotados de Cannae, esas legiones malditas que permanecieron en Sicilia a raíz de la vergüenza que provocaba su mera sobrevivencia. Eso enaltece más la labor titánica de Escipión. Y le da origen al título del libro.

Finalizando, creo que es una buena novela histórica. Una delicia para los amantes del género. Y puede ser una tortura para aquellos que gustan de la simplicidad en el relato. Definitivamente, no es un libro para todos. Sí lo fue para un servidor. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

VENGANZA. Novela negra de complicaciones gratuitas.


Antes de empezar a hablar del citado libro, creo que debo de introducirlos a su autor. Benjamin Black es el seudónimo de John Banville, autor irlandés de creciente éxito contemporáneo. Al parecer, es muy aclamado en tierras celtas y sajonas. Bajo su nombre real, ha publicado varias novelas, obteniendo el premio Franza Kaftka. De unos 5 años para acá, ha escrito novelas de tamaño mediano, con relativo éxito, bajo el patrocinio de Benjamin Black. Básicamente explota los subgéneros de novela policiaca y novela negra.



“Venganza” es una novela negra, de tamaño medio. En su edición en español, no supera las trescientas páginas. El ambiente es excesivamente irlandés, por lo que resulta un tanto indigerible en su lectura para quienes no estamos familiarizados con la cultura británica contemporánea. Lo que quiero decir con todo este preámbulo es que quien tome este libro en sus manos, no necesariamente lo va a disfrutar.

Como personajes, tenemos al inspector Hackett y su amigo, el doctor Quirke. Juntos comenzarán la investigación relacionada con la muerte del señor Victor Delahaye, por el momento cabeza visible del clan. Los Delahaye y los Clancy son dos familias irlandesas que se asociaron para crear un emporio en cuestiones metalmecánica y de transporte.

De hecho, el libro comienza calientito, con la muerte de Víctor. Lo interesante es que su muerte no es para nada misteriosa. El cómo es tácito: se pega un tiro, suicidándose, enfrente del hijo de su socio, mientras navegaban en altamar. En un arranque de obnubilación mental, el otro tripulante (David Clancy) tira la pistola al mar y observa de manera angustiosa e impotente la muerte del socio de su padre. Dado que en el barco solo iban ellos dos, tardará en ser rescatado ante su impericia naval.

De hecho, la premisa inicial del libro no busca responder el cómo. Busca responder el por qué. Si bien las circunstancias hacen que todo mundo sospeche de la muerte, el inspector y su amigo observan las actitudes posteriores de todos los relacionados con Víctor, y plantean hipótesis sobre el hecho. ¿Quién se beneficia? ¿Qué provocaría que Víctor se quisiera suicidar?

Todos son sospechosos: Jonas y James, hijos gemelos de aparente frivolidad. Mona, la viuda alegre quince años más joven. Maggie, la hermana posesiva y neurótica de Víctor. Y podemos contar a Jack, el socio despechado, o su hijo David, testigo involuntario del suicidio.  Una familia protestante y otra católica, a mediados del siglo XX.

Poco a poco surge un entramado de intereses poco legítimos, manejos accionarios riesgosos, y rencores enterrados entre los miembros de ambos clanes. La impasividad de los hijos y la viuda ponen el tono irónico a la situación. En esas estamos cuando el socio de Víctor, Jack, aparece muerto, también en su barco. Demasiadas coincidencias hacen que los mejores instintos detectivescos de Hackett salgan a la palestra. Quirke le apoya, pero se involucra de más con los implicados, lo que le poner una pisca de riesgo a sus actuaciones. Lo importante es descubrir el desenlace final, y descubrir, si es el caso, al autor del asesinato.

Debo reconocer que me costó un poco de trabajo terminar de leer este libro. NO me resultó tan atractivo como otros que he repasado últimamente, a pesar de su tamaño. El libro tiene mucha introspección y poca acción; básicamente cargada hacia el final de la lectura, que es cuando se pone mejor. Es un libro que describe ampliamente escenarios y pensamientos de los participantes, por lo que leerlo de a poquito hace que a uno le cueste trabajo retomarlo.

Es un buen libro para leerlo de golpe. Y el traductor pudo contextualizar más, porque ni la edición en español ayuda en ese sentido (¿te imaginas buscando calderilla en tu bolsillo para hablar por teléfono?). Los planteamientos son interesantes y lógicos, y los personajes adecuadamente desarrollados. Pero el libro es un tanto pesado si no te gusta el género y si no estás familiarizado con el lenguaje, costumbre y el patrimonio cultural irlandés. O siquiera británico.


En pocas palabras, es un libro hecho para el mercado sajón, y resulta difícil sacarlo de ese contexto. No me atrevo a recomendarlo a todos, pero sí invito a su lectura a quienes cumplan con los requisitos escritos líneas arriba.

lunes, 26 de agosto de 2013

La verdad sobre el caso Harry Quebert. Adicción lectora.

Debo admitirlo, tengo cierto recelo hacia los libros que se vuelven Best Sellers en cuestión de semanas. Una especie de movimiento intelectual contracíclico, en el que mi yo interno me sugiere que lo que se vende por motones (cantidad) no tiene la calidad para leerse dos veces (calidad). Y esa máxima autoimpuesta ha regido buena parte de mis opciones literarias.
 
Por ende, no sé lo que es leer Harry Potter. Olvídense de los Juegos del Hambre, o de las 50 sombras de Grey. De hecho, el primer libro de la Saga Crepúsculo lo leí por curiosidad, ante el hecho de que desbancó en las preferencias de Norteamérica la hegemonía Potteriana.
 
Aclaro el punto. NO critico a quienes leen esos libros. Y no pretendo erigirme como un lector presuntuoso. Simplemente no me gustan las modas. Prefiero los Long a los Best Seller. Sin embargo, hay un par de excepciones a la regla que tanto he comentado. Y no me arrepiento de semejante comportamiento "pecaminoso de excepción". ¿Qué libros provocaron la excepción dietética en mi alimentación lectora? Por un lado, la trilogía Milenium. Por otro, el nuevo libro, ahora en español, de Joel Dicker: LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT.
 
¿Les dice algo el título? La lectura les dirá mucho más. La verdad, escuchando a un trío de comentaristas literarios, en su tan gustada sección de cultura de los viernes (Artículo 6º, por Radio Fórmula), imbuyeron en mi el deseo de leer dicho libro, de un autor tan desconocido como emergente. Después de haber leído el libro, le deseo un gran futuro. No solo creo que hizo literatura de entretenimiento. Realmente creo que está modelando un estilo contemporáneo de escribir, tan difícil como entretenido. Joël Dicker realmente pone a prueba la inteligencia de las personas.
 
Vayamos al punto principal. De qué va el libro. El libro va de la historia de Marcus Goldman, estrella de la literatura norteamericana en los albores del Siglo XXI. Estamos en pleno 2008, cuando la historia del mundo cambiará a raíz de las elecciones presidenciales en las que nuestros vecinos elegirán a Obama.
 
En ese contexto, Marcus sufre el síndrome de la "página blanca". Es decir, cero inspiración para su segundo libro. Todo mundo espera de un escritor éxitos mayores a los de su primer libro. Y Marcus está seco, quebrado por dentro. El plazo para entregar su segunda novela vence, y no encuentra mejor opción para inspirarse que ir a residir temporalmente con su maestro universitario, el aclamado Harry Quebert.
 
En la casa de Harry, en Goose Cove, magnífico paraje al lado de Aurora, New Hampshire, Marcus recuerda todo lo aprendido, cual pequeño saltamontes. Pero no consigue escribir nada de valor. Su maestro lo anima y trata de revivir con él momentos de gloria universitaria, sin lograr un ápice de inspiración. El mismo Harry es un enigma para Marcus, pues no le conoce esposa, ni novia, ni amante. Harry afirma que estuvo enamorado una vez, hace mucho tiempo. Fin del pie de nota.
 
Marcus regresa derrotado, resignado a la demanda que impondrá su editorial, la cual está en manos de chacales, literalmente. El punto es vender. Y su madre no deja de acosarlo con sus prejuicios y su insistencia telefónica para que le "haga un nieto". En esas estamos cuando se descubre, en el solar de la casa de Harry, el cuerpo de una niña de 15 años, desaparecida el año de 1975 en condiciones extrañas.
 
En ese momento, se desata una marabunta de información difícil de digerir. La niña, de nombre Nolla, es la hija del otrora Reverendo Kellergan, pastor del Pueblo. Encuentran sus restos con una copia mecanografiada del libro que hizo famoso a Harry: "Los orígenes del mal". Por ende, Harry es el primer sospechoso de su asesinato. Luego resulta, un confesión posterior, que Harry a sus 34 años, sostuvo un affaire con la pequeña Nola, de tan solo 15 en aquellos 1975 años. Escándalo mayúsculo.
 
Atónito ante lo que ocurre, Marcus decide abandonar New York y acude a Aurora para apoyar a su maestro. Pero también acude porque cree en la inocencia de Harry, y esta dispuesto a investigar hasta donde sea necesario para descubrir la verdad. Harry no pudo ser capaz de hacer aquello de lo que se le acusa.
 
El libro se convierte, en este momento, en una montaña rusa. A veces la intensidad sube, y baja. Pero al final deja las mejores piruetas para terminar, como lector, embriagado de vértigo. Acompañaremos al estimado Marcus en su proceso de investigación. El autor no realiza contrapuntos de personajes, sino localizaciones cronológicas. Ahora estamos en 2008, luego en 1998, y después en 1975. Cada nota de investigación nos hace plantearnos hipótesis que se construyen poco a poco, para luego desaparecer. Tamara, Jenny, Travis, Robbert, Nolla, Luther, Mr. Stern....incluso el mismo Harry, todos aparecen con una diversidad de facetas que tambalean nuestros prejuicios sobre la culpabilidad o la inocencia de cualquiera.
 
La sola idea de descubrir ¿quién mató a Nola? nos lleva de un sospechoso principal a otro. Pero esperen: el autor nos tiene reservadas varias sorpresas. Conforme avanza el libro, destruye todas las hipótesis que habías construido, para levantar nuevas. Y en esas andamos, cuando te presenta evidencias de que las blancas palomas no son mas que lobos con piel de oveja. ¿Quién es el malo al final de la historia? NO les diré. Lean.....en serio, vale la pena sumergirse en el mundo de investigación y novela policiaca que nos sugiere Joël Dicker con su segunda novela. Definitivamente, debe de estar en los anales de la historia literaria. Hace mucho que no leía un libro tan diferente, ni tan adictivo. 
 
Más de un comentarista compara su novela con las de Stieg Larsson, Anton Novokov y Phillip Roth. Me encantan Larsson y Novokov, y la verdad que Roth sigue siendo una asignatura pendiente. El libro, en sus últimas páginas, toma una velocidad de frenesí en la que, en unas cuantas páginas, destrulle los castillos de naipes sobre los que estábamos construyendo nuestras elucubraciones y nos propone soluciones inimaginables, que logra argumentar de manera solvente. Un poco forzadas, pero solventes. Hace un gran ejercicio al volver a traer transcripciones de las primeras páginas del libro, para darnos a entender que somos unos despistados por no cuidar determinados detalles en el seguimiento de nuestra hipótesis.
 
Frenético...ese es el adjetivo calificativo adecuado para el libro en sí. Adictivo, ya lo creo. Inteligente y contemporáneo. NO lo recomiendo: les ruego que lo lean. Y no echen a perder una experiencia maravillosa, contentándose con buscar sumarios o sinopsis del libro en páginas bobas de internet. Ningún escritorcillo bobo puede realizar un resumen adecuado del libro. Como tampoco pretendo hacerlo yo. ¿Para qué contar el final? Como en un viaje, como en una investigación. Lo importante no es sólo llegar al destino o descubrir al culpable. En este caso, el placer del trayecto y la emoción de la búsqueda son partes imperdibles del proceso. Cómprenlo, réntenlo, pídanlo prestado....pero sumérjanse en la experiencia de leer LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT.
 
 

martes, 13 de agosto de 2013

CORTÉS. La biografía más reveladora...¿o reivindicadora?

Ahora que estamos en medio de la vorágine reformadora propuesta por nuestros gobernantes, conviene analizar los argumentos que muchos esgrimen para provocar muestra decantación hacia sus propuestas. El presidente que no ha leído tres libros corta y pega, con devoción digna de un misionero protestante, citas de Lázaro Cárdenas en su reforma energética. Por otro lado, el perpetuo candidato a la presidencia evoca para nosotros la imagen del nuevo Santa Anna en el citado presidente, amén de traer para nuestro tiempo versiones renovadas de nuestros diablillos de la historia nacional.
 
 
No cabe duda que meterse en los terrenos de la historia de México es entrar a un fuego cruzado. Las deficiencias en cuanto al análisis y la interpretación de la misma tienen origen en las mismas paradojas de nuestro origen y nuestro sino. Y en la génesis de nuestra patria, tenemos una catastrófica conflagración entre mexicas y españoles; estos últimos, con el apoyo de la mayoría de los pueblos nativos, antiguos tributarios o amigos de los aztecas. La conquista de México fue una guerra numéricamente indígena, ganada gracias a los cuadros europeos, a sus respectivos adelantos tecnológicos y su manipulación ideológica....pero sobre todo, a la audacia rayana en el maquiavelismo de un personaje: Hernán Cortés.
 
Es muy difícil catalogar de manera ecuánime al conquistador. Odiado por los liberales, amado por los conservadores. El sifilítico para Diego Rivera, el generador de la patria para Lucas Alamán. No he encontrado una biografía que no se decante por alguno de los dos extremos. En el caso de Christian Duverger, nos encontramos a un escritor sumamente profesional que realiza una investigación muy acuciosa. Quizás el problema estriba en la interpretación de la información. Su libro es una reivindicación plena de la imagen que la mayoría de las personas tienen de Cortés. Poco falta para terminar de leer su libro y canonizarlo.
 
Con todo y eso, la lectura del libro me resultó interesantísima. Adecuadamente contextualizado, el texto se enmarca en medio de la política de la época, y de las intrigas cortesanas de España y Portugal. Y los equilibrios entre el Imperio de Carlos V y las demás naciones, Papa incluido. ¿Qué papel tendrían las hazañas de Cortés para el rey de España? ¿Para sus antiguos patrocinadores y para su detractores? Ese juego de tronos nos permite adquirir más elementos de juicios para legitimar sin juzgar, su papel en la historia de América....no solo de México.
 
Escrito a manera de biografía, se lee a manera de ensayo referenciado. Su lectura, sin embargo, es menos pesada que la del libro posterior del autor "Crónicas de eternidad". Si bien el subgénero de la biografía está un tanto en desuso -la mayoría de los autores se inclinan por la biografía novelada-, encontré ameno el contenido del libro.  
 
El escrito inicia con un análisis de la política española de la segunda mitad del siglo XV. Por cierto, España no era en ese momento un país, ni siquiera un concepto. Era una aspiración para algunos. La península ibérica estaba dividida entre los reinos de Portugal, Castilla, Aragón, Navarra y Granada. Isabel - la que le dio las "naves" a Colón-, tenía la oportunidad de casarse con el rey de Portugal, o bien con el rey de Aragón. ¿Se imaginan las consecuencias de dicha decisión en la configuración de la Europa Moderna?
 
No puedo negar que Christian Duverger es un espléndido sembrador de conceptos. Para un lector novel, no quedará duda, tras leer su libro, de que Cristóbal Colón era un auténtico Mefistófeles renacentista. De que Carlos V era un tremendo perdedor, emperador envidioso de Cortés. De que Diego Velázquez era un inepto que no entendió el papel protagonista de nuestro afable conquistador. Y de que Hernán Cortés era valiente, osado, humanista, pro-indigenista, justo, visionario, promotor del mestizaje, sembrador de la idea de la independencia de México. ¿Qué tal?
 
Repito que la lectura es amena, siempre y cuando le "bajemos" un poco los decibeles al autor. Christian Duverger es un excelente investigador y muy solvente narrador. Vale la pena aprovechar su trabajo, siempre y cuando le pongamos "comillas" a algunas de sus inferencias.
 
 

lunes, 24 de junio de 2013

CRONICA DE ETERNIDAD. Escritores fantasmas.


Hay temas de nuestra sociedad que se antojan un tanto difíciles de polemizar, en función del interés que despiertan en el común de los mexicanos. Si la mayoría de los mexicanos tienen una cultura que raya en lo miserable, no tenemos material ni acerbo suficiente para establecer una dialéctica que se pueda sustentar de manera interesante y placentera.

A nivel del conocimiento histórico de México, parece que heredamos el antiguo combate entre conservadores y literales. Ambas interpretaciones del país sobreviven en buena parte de los autores actuales. Afortunadamente, hay un grupo de escritores y divulgadores de la historia que tratan, en estos años, de agregar objetividad a sus escritos, anteponiendo la el conocimiento y al comprensión al juicio. Alejandro Rosas, por ejemplo. Otros, como Francisco Martín Moreno, anteponen su fe ideológica para leer con esa especie de filtro todo lo que escriben, incluso el resultado de sus investigaciones. Sus escritos se convierten en apologías, en confesiones de fe.

A mi juicio, Christian Duverger pertenece al segundo grupo. Credenciales académicas no le faltan: Doctor por la Sorbona, es un sobrado historiador y antropólogo. Estudioso sobre el México más antiguo (el origen del México actual está en la mixtura provocada por la Nueva España, no en los señoríos indígenas previos), indaga tanto en los tiempos prehispánicos y su antropología, como en la ruda historia de la conquista y establecimiento occidental. Estudioso de Hernán Cortés, se ha convertido en un cortesiofílico.

Es simplemente una conclusión personal, a raíz de haber leído su último libro: CRÓNICA DE ETERNIDAD. ¿Quién escribió la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España? Ahora no hablaremos de una novela, sino de una tesis comercializada… ¿o un ensayo? Vayamos por partes.

Desde que tengo memoria y la historia me ha apasionado, recuerdo como referentes a esa etapa de la historia de México a un puñado de escritores: Bernardino de Sahagún, Carlos de Sigüenza, Francisco Javier Clavijero y Bernal Díaz del Castillo. Al ser tan pocas, parecen incuestionables. Parece una labor titánica lograr la impresión de un libro en épocas del nihil obstat y abundante analfabetismo. En ese entorno, ¿había espacio para suscitar una polémica?

Para Cristian Duverger, la hubo. Después de presentar su biografía sobre Cortés, el francés profundiza en su admiración sobre el conquistador y llega a la conclusión de que el libro “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” no fue escrito por Bernal Díaz, sino por el propio Cortés. Órale. Y dicha hipótesis es un auténtico palo al avispero en ese raquítico panal constituido por todos los historiadores mexicanos avezados en el tema. Total, en las escuelas nos enseñaron a odiar a Cortés, el mataindios…el conquistador de México.

El problema de juzgar este libro, es que estamos situados justo en medio de un terreno de tiros. El maniqueísmo mexicano nos hace ver a Hernán Cortés como un malévolo, perverso y sifilítico sujeto, al ejemplo de los murales de Diego Rivera. O bien, si eres de la minoría, lo consideras el fundador del mestizaje mexicano y el gran estratega que quiso construir algo diferente sobre estos terrenos, pero siempre de la mano de aliados indígenas. En ese bando, considero a Vasconcelos, y ahora a Duverger.

¿Cómo desarrolla el autor su estudio? Primero, analiza al personaje de Bernal Díaz del Castillo. Las referencias directas sobre su persona son escasas, y todas posteriores a 1560, cuando lo suponemos miembro de la audiencia de Guatemala. El autor suena más o menos convincente cuando nos quiere demostrar que el tal Bernal cambia contantemente su firma, como señal de iletralidad. También es persuasivo al indicar que nadie menciona a Bernal en todos los documentos que hablan de los personajes que consumaron la conquista de México. Por todos lados brotan Pedro de Alvarado, Cristobal de Olid, Bartolomé Olmedo y tantos más.

El nivel de descripción de la Historia verdadera, implica que el narrador fuera una persona cercana al círculo de Cortés, pues relata fielmente conversaciones entre notables, consejos de guerra, visitas privadas  Moctezuma y otros detalles que no fueron de divulgación para un soldado raso.

La cultura promedio de la época, a juicio de Duverger, era escasa; imposible de poseer para el soldado raso que suponemos en Bernal Díaz. Cortés, por otro lado, era Bachiller en Derecho, y había sido gobernador de Santiago, la segunda Ciudad de Cuba. Además, la esposa de Bernal es una completa analfabeta, por lo que resulta imposible de creer que el gran autor de un libro tan complejo y a la vez maravillosamente narrativo no leyera.

Momento. Duverger acaba de tirar un obús hacia Cervantes. Un soldado, miembro de los tercios españoles y  autor de la Novela Iberoamericana más importante de la historia. Si su premisa es cierta y la podemos generalizar, ¿dónde queda Cervantes? ¿Otro autor fatuo? ¿Shakespeare tiene compañía en la vitrina de los conspiradores literarios?

Hasta allí, Christian Duverger incomoda al lector, y puede hacer dudar, pues cita cartas y su análisis parecía solvente, hasta que llegamos a lo dicho el párrafo anterior. Cortés, antes que soldado, fue también político, y de los de renacimiento. O sea, un sujeto todo-terreno que puede citar los clásicos y los medievales.

En un segundo acto, Duverger nos habla del historiador oficial de Cortés. Gómara se encargó de redactar una biografía de Cortés, mientras el conquistador buscaba rehacer su nombre en España, a raíz de ciertas acusaciones en su contra. Tan “subido” de tono andaba el tal Hernán, que el mismo Emperador ordenó que ya no se reimprimiera esa biografía. Incluso impidió la divulgación de las “Cartas de relación”. Estas cartas eran pequeños folletos que el mismo Cortés escribió, en tiempo real, sobre la conquista. Dichos folletos llegaran a España tan solo semanas después de lo acontecido, y tuvieron un éxito razonable.

¿Qué necesidad tenía Cortés de redactar otra versión histórica de los hechos, con un enfoque diferente de sus propias cartas de relación y de su biografía autorizada? Duverger hace fuerza un poco con su teoría, al afirmar que las conspiraciones anticortesianas entre los allegados al reino hicieron pensar a cortes sobre su legado. Al ver la inminencia de las prohibiciones a la divulgación de sus logros. Hay que soltar una tercera vía, no necesariamente anónima.

El resto del libro, es una narración/comprobación de cómo Cortés escribió la Historia Verdadera. Aquí, ya tenemos deducciones donde deberíamos de tener pruebas. Y la parte más vaga, es la demostración de la llegada del manuscrito, desde Valladolid, hasta Guatemala.

El libro termina con un epílogo, con una escena ficticia donde Cortés, cual querubín acomodado en su nube, contempla los premios que otros reciben producto del libro que en realidad él escribió. La tesis se convierte en novela.  Una mezcla un poco extraña, pero que al final de cuentas resultó atractiva, sea para apoyar o para oponerse.

A quien no le interesa la historia de forma intensa, no le recomiendo el libro. Su estilo narrativo resulta interesante el principio, pero luego se refugia en las típicas referencias y citas que hacen a cualquier escrito académico en indigerible. Es un libro que se tiene que leer con espíritu de búsqueda. Tuve que pausar varias veces la lectura para contrastar con otros libros o revistas de historia que tratan sobre lo que estoy interpretando de las lecturas. La cuarta parte del libro son referencias, notas e iconografía. Tuve que releer el ejemplar de la revista Nexos, dedicada precisamente al tema. Y en esa revista, de diez articulistas, ocho están en contra de Duverger.

Si, por otro lado, eres un aficionado a la historia, te recomiendo que lo compres y lo leas, pero poco a poco. Estés o no a favor de la tesis de Duverger, el libro puede ser el envión que necesitabas para adentrarte en esa parte de nuestra historia nacional. Yo, por mi parte y desde mi ignorancia, me declaro más bien en contra que a favor de la tesis de Duverger. Espero que por estas líneas no me declare al autor como un perfecto analfabeto.

lunes, 27 de mayo de 2013

ENTRE LAS PATAS DE LOS CABALLOS. Literatura Cristera.

Suena un tanto presuntuoso - aventurado incluso- nombrar "Literatura Cristera" a un conjunto de escritos que se han producido de manera asincrónica y por motivaciones diferentes. Quizás corresponde a un deseo personal. Hablamos de una etapa de la historia de México que literalmente se "enterró" en los anales de la historia oficial del país. Por otro lado, hablar con los discriminados de dichas acciones ocultistas, es entablar diálogo con quienes pregonan el punto opuesto: la gran epopeya, los soldados de Dios, la lucha de los mártires. Maniqueísmo puro de ambas partes.
 
No está, dentro de mis intenciones, pretender convencerlos de quién tenía razón en esa guerra. Creo que basta y sobra con Jean Meyer para eso. Y, en pocas palabras, el único investigador/escritor de renombre y capacidad, que ha dedicado su tiempo y trabajo a esta etapa de la historia, es el citado francés. No se entiende Jean Meyer sin la Cristiada, y la Guerra Cristera sería ininteligible sin Jean. El problema es que no ha sido digerida. Hacen falta manos diestras que exploten, con su literatura, ese período de la historia de México. Han escrito mucho más de los cuatro años de Maximiliano y Carlota. ¿No vale la pena hablar de un conflicto que causó, bajita la mano, al menos sesenta mil muertos por cada año de conflicto?
 
ENTRE LAS PATAS DE LOS CABALLOS,  es, hasta donde su servidor sabe, la única novela que habla de la guerra cristera. Los escritos de Jean Meyer son interesantísimos, pero no son novelas. Son ensayos fruto de su investigación. Como sea, vale la pena leer el par de ladrillos que constituyen su aporte al redescubrimiento de esta parte de la historia. Recientemente, otros autores regionales y locales, han procurado descubrir al mundo la vida de personajes representativos. Desgraciadamente, han elaborado folletos, incluso libros, de un talante demasiado académico, cuando no de su extremo opuesto. La presentación de dichos libros raya en lo artesanal, y tenemos como consecuencia subgénero que prácticamente muere incluso antes de nacer.
 
Pero vayamos al tema. Luis Rivero del Val es un militante católico, miembro de la ACJM (Asociación Católica de la Juventud Mexicana). Es activo militante de su organización, líder scout, y participará en las etapas finales del conflicto como soldado cristero, en los parajes cercanos al volcán de Colima. Allí, en las fronteras entre Jalisco y Colima, será herido de gravedad un par de veces, y conocerá en carne propia los avatares del ejército libertador, con su final decepción a raíz de los acuerdos de 1929, entre la jerarquía católica y el gobierno de Portes Gil.
 
Lo más interesante del libro, es que constituye una suerte de autobiografía. Está escrito a manera de diario, y es obvio resaltar que es el punto de vista de alguien que está en contra de las disposiciones del gobierno. Y, particularmente, de la Ley Calles.
 
La historia de México, en lo tocante al conflicto Iglesia-Estado, puede resumirse de la siguiente manera: en la época colonial, los miembros de la Iglesia eran connotados burócratas de la corona española. Hubo momentos en que el arzobispo de México hacía las veces de virrey, mientras al virrey depuesto se le hacía juicio de residencia. La corona española descansó muchas de sus obligaciones civiles, en manos de los obispos y las congregaciones religiosas.
 
Las ideas principales de la Revolución Francesa, traen la semilla del Estado Laico y la libertad de pensamiento y religión. Esas ideas tardarán en permear en la mentalidad del mexicano del siglo XIX. Viene la guerra de Reforma, y todas las medidas tomadas por Juárez y Lerdo. La Iglesia ya no se mete con el estado. El secularismo se impone.
 
Ahora, después de la Revolución Mexicana, lo que se propone el gobierno es precisamente METERSE CON LA IGLESIA. La ley Calles pretende que el gobierno supervise a la iglesia, por no decir que la controle. El gobierno quiere impedir la residencia a sacerdotes extranjeros, pretende controlar el número de sacerdotes por estado, supervisar a los candidatos y también el impedimento de cualquier manifestación religiosa. Ni cruces, ni hábitos, ni persignarse en público.  La Iglesia en condiciones como las que se encuentra en China o Vietnam, por decirlo de manera simple.
 
La Iglesia declara que no puede seguir impartiendo sus actividades de culto en esas condiciones, y suspende sus actividades en los templos. Allí es donde entran los católicos de a pie, para oponerse al gobierno por la vía pacífica o por la vía armada. Y viene la guerra cristera en su primera etapa.
 
A esa primera etapa, se refiere Luis Rivero del Val en su novela. Cuenta las aventuras de un jovencito de 16 años, miembro activo de la ACJM, que participa en boicots económicos, actividades de insurgencia, provisión de cristeros y espionaje. Cuando su vida peligra, si permanece en la ciudad de México, se refugia en las serranías de Colima y Jalisco....ahora como cristero.
 
Aunque la novela es un tanto apologista sobre los cristeros, resulta interesante leer su perspectiva. Tiene un gran valor hemerográfico, pues cita de manera literal numerosas notas de los periódicos de la época, tales como el Excélsior y el Universal Gráfico.
 
Con el paso de las hojas, el escrito se convierte en una novela de aventuras, en combinación con un ensayo descriptivo del conflicto. A quien le interesa saber más sobre el conflicto, le va a interesar la novela. Si eres un tanto escéptico respecto de la religión, no es el libro para ti.
 
El final de la novela no coincide con la verdad, puesto que Luis Rivero del Val recibe su salvoconducto al terminar la guerra. Se gradúa como Ingeniero Civil y participará en la construcción del México moderno como uno de los mejores constructores de la mitad del siglo XX. En la novela, el protagonista es ejecutado, con dos compañeros, a traición...días después de que se habían firmado los "acuerdos".
 
Es un buen libro, disfrutable. Pero en ocasiones cansa un poco por sus continuas notas y agregados relacionados con las adendas de periódicos, comunicados militares, documentos pontificios y piezas de oratorias. Con todo y eso, lo recomiendo, salvedad de lo que expresé líneas arriba.
 
Y hago votos para que, muchos escritores, se aventuren a tomar como pretexto el acontecimiento cristero, a fin de que enriquezca la literatura alusiva. Hasta ahora, tenemos a un titán, a un testigo real y algunos microhistoriadores. El "14", no le pide nada al Tigre de Santa Julia. Si vida bien merece una novela.

sábado, 18 de mayo de 2013

LOS PASOS DE LOPEZ. Divertida parodia de un movimiento libertador.

La enseñanza oficial nos ha impuesto el prototipo del héroe extremadamente serio, hiper-consciente, auto-diagnosticado, y premeditado en todos sus movimientos. Sus poses y situaciones son, en ocasiones, extremadamente hieráticas. A fuerza de contemplar estatuas alusivas a Hidalgo, Morelos, Allende, Galeana y el resto de nuestros "consetudinarios" héroes independentistas, queda en la imaginación del colectivo popular mexicano el prejuicio de que contemplamos a individuos serios, adustos, graves y calculadores.

Nada más alejado de nuestra realidad, me parece. Si en nuestros tiempos el berrinche de una niña "bien" (Lady Profeco) puede terminar en la destitución de cinco funcionarios públicos (incluido el padre, mandamás de la citada institución), ¿por qué no reconocerle un poco de mérito al azar, la casualidad, o incluso al impulso, dentro del papel que le corresponde en la historia?

Esa es la hipótesis que maneja Jorge Ibargüengoitia en su libro. Y el estilo personal del autor ayuda mucho a que la lectura de dicha novela se convierta en un momento bastante divertido. He escuchado a más de algún escritor afirmando que, si quisiéramos que los mexicanos se aficionaran más a la lectura, deberíamos de empezar por proporcionarles los libros de Ibargüengoitia. Creo que tienen razón. De un estilo sencillo, y una construcción agradable.

¿Quién es López? Ojo, no es AMLO. López es en realidad Periñón, cura del agradable pueblo de Ajetreo. De indudable carisma y liderazgo, es parte importante de una conspiración a la que, sin "querer queriendo", termina perteneciendo Matías Chandón. Matías es un militar que llega a concursar por el puesto de jefe de los artilleros de la Villa de Cañada.

Añádase a estos personajes otros tan simpáticos como el Sr. Borunda, el padre Pinole, Carmelita, Diego, el Patotas, el Marqués de la Garnacha y los pueblos circunvecinos. La alegre narrativa de Ibargüengoitia convierte al gesto histórico prácticamente en una comedia de situaciones, donde nada sale como realmente se quería. Y como una cosa lleva a la otra, la bola de nieve se convierte en avalancha.

Simplemente intercambie los nombres mencionados líneas arriba por los de Hidalgo, Aldama, Allende, la Corregidora y el Corregidor Domínguez... y terminará de realizar su "empalme" con el glorioso relato de nuestra independencia nacional.

Admitámoslo. Cuando a Hidalgo y a Allende los fusilan, tienen en su mente la convicción de que su movimiento culminaría en el fracaso. Lo dicen en sus declaraciones finales. Podremos argumentar que dichas confesiones fueron obtenidas bajo coacción, so pena de acariciar el infierno. Pero argumentar sobre tales consideraciones que no entraban en la esfera de confesión para salvación, dada su propia naturaleza. El mismo Hidalgo reconoce que su movimiento "se salió de control".

Una de las paradojas históricas de nuestro país, es que celebramos el inicio de la lucha, en vez de celebrar la fecha de nuestra independencia. ¿Entonces celebramos mejor la concepción de las personas, en vez de su nacimiento?

En un par de días, si dedicamos nuestros tiempos libres y un poquito más, podemos disfrutar de esta novela breve. No se arrepentirán. Además de divertir, nos puede hacer reflexionar. Sigamos los pasos de Periñón, hasta que termina por firmar su abjuración bajo el seudónimo de "López".

miércoles, 1 de mayo de 2013

Fahrenheit 451


FAHRENHEIT 451. ¿La ficción vuelta realidad?


Uno de los autores contemporáneos más populares de ciencia ficción falleció el pasado 2012. De hecho, la actual Feria del Libro de León (abril 2013) le ha dedicado un espacio exclusivo en su sección “In Memoriam”. A muchos les sonará un tanto conocido, por sus dos obras más populares: Crónicas Marcianas y Farenheit 451. Además del entretenimiento de calidad que nos proporciona la lectura de sus novelas, quiero aprovechar para reflexionar con el contenido de la última mencionada. Creo que es pertinente dada nuestra situación actual.
¿Qué tiene de pertinente la temperatura de 451 grados Farenheit? De acuerdo al libro, es el punto de ignición de un libro. ¿Se imaginan un mundo en el que los libros, en vez de ser promovidos, son quemados? Se imaginan un mundo dominado por el entretenimiento permanente, los Reality Shows, las televisiones del tamaño de una pared y la emoción permanente que buscan todos los hombres insatisfechos, al sentir el vértigo de un manejo acelerado de sus autos?
En algunos casos, no necesitamos imaginar, sino recordar. Ya tenemos en nuestras tiendas departamentales pantallas de 80 y 90 pulgadas. La tecnología en divertimento y visualización avanza a pasos de gigante. ¿Por qué no avanza a esa misma velocidad la tecnología de ahorro de combustible y de energías alternas? Es un pretexto común, hasta arquetípico, el que un joven asocie la libertad y la autodeterminación al hecho de poder manejar a grandes velocidades en lo profundo de la noche. Y si es escapando de una patrulla, mejor. Algunos héroes juveniles quedarán en el camino, víctimas de su propia imprudencia.
Tenemos en nuestra ciudad una Biblioteca Estatal maravillosa. Aproximadamente 1000 personas acuden diariamente. No se trata solo de leer, sino de aprovechar el espacio de manera cultural y hasta recreativa. Eso no logra incrementar nuestro magro promedio de lectura de 2.8 libros a nivel nacional. Nuestros periódicos se caracterizan por su tremendismo, amarillismo y agendas ocultas. Los libros no han desaparecido…simplemente se han vuelto indiferentes para la mayoría.
Por otros medios, hemos llegado al mundo en el que vive Montag, de manera cuasi paralela. El es un bombero incendiario. Perdonen el oxímoron, pero en el futuro planteado de esta novela, los bomberos generan incendios para eliminar libros. La gente se entretiene con la velocidad y los realities, la amenaza de la guerra para la sociedad es permanente, y la gente ya no se pregunta si es feliz, porque le han quitado los indicadores para responder dicha pregunta de manera adecuada.
No importa que seas feliz; lo que importa es que vivas igual que los demás. La atención a las diferencias es la mayor monserga para cualquier gobierno. Por eso los distintos estados recomiendan que la gente viva en ciudades, así se ahorran el llevar los servicios públicos a lo profundo de las cañadas o a los pueblos aislados del desierto. Por eso se promueve una cultura occidental genérica. Sería una lata lidiar con cosmovisiones indígenas o tradicionales. Es muy fácil tener una constitución en español. ¿Para qué gastar tiempo y dinero traduciendo las leyes al maya, al náhuatl, otomí y huichol? No cabe duda que la uniformidad es la clave para que un gobierno nos administre fácilmente.
Si lo analizan desde esta perspectiva, la premisa que detona la obra de Bradbury, sigue vigente. Allí están los libros, como respaldo de todo el producto cultural de la humanidad. Los robots no pueden hacer poesía. Y en medio de la vida del famoso bombero, la novela nos lleva a una toma de conciencia sobre si estamos alimentando a nuestra “humanidad” de manera adecuada.
Una esposa revivida continuamente, caída en coma por exceso de somníferos. Ausencia de recuerdos sobre el porqué se casó con ella. La primera jugada del pensamiento filosófico es el preguntarse sobre el por qué de las cosas. Pero ahora, la filosofía es una asignatura en peligro de extinción. Poco a poco, Montag va remontando esa cascada inercial que se constituye dentro del mundo en el que vive, y busca la liberación. Cambia diametralmente sus postulados. Ahora buscará salvar los libros en vez de quemarlos. Su mente y su lenguaje están atrofiados, por años de no leer. Busca quien le guíe en ese camino. Es descubierto y perseguido como un anarquista, como un terrorista. Es abandonado por su esposa, a causa de su excentricidad. Mata, sin plena intención, a su propio jefe, y huye en vivo y a todo color, perseguido por los helicópteros de los medios de comunicación.
Finalmente, los libros se conservan. Si no se encuentran físicamente, están en la mente de los rebeldes. La rebeldía consiste en leer los clásicos. Para que los libros no mueran, están ahora impresos en la mente de los antiguos profesores universitarios. El nomadismo los salvará. Ha despertado el monstruo de la guerra: podemos evocar algunos mensajes del Eclesiastés, o todo el Libro de las lamentaciones. La ciudad está hecha llamas. Lo que la protegía, terminó por destruirla. Aprendamos, si es que nos queda un atisbo de humanidad.

 
http://youtu.be/gUZUl1cs3z8

jueves, 25 de abril de 2013

VENGANZA DE SANGRE. Sebastián Roa.


 
La lectura de autores un tanto noveles, puede ser motivo de satisfacción o decepción.  Sebastián Roa es, ante todo, un historiador. Se ha introducido al mundo de la novela con resultados un tanto dispares. Me decidí a leer una novela de dicho autor, relativo a la historia de España en las postrimerías de la Edad Media.

Hablo de VENGANZA DE SANGRE, ganadora al Premio Hibris. El título nos permitiría explicar la trama de esta historia, sin demasiada imaginación. El autor aprovecha la invención de sus personajes ficticios para darnos toda una cátedra de historia y filología. Dicho esto, podrán darse cuenta de que su obra puede resultar muy culta para algunos, o pedante para otro tipo de lectores. Vayamos al grano.

Estamos en el mar mediterráneo, en los albores del Siglo XIX. La parte occidental del Mare Nostrum está en pugna entre genoveses, musulmanes, aragoneses y franceses. Para apoderarse de una lengua de tierra, hay que pedir el consentimiento del Papa, otra potencia imperial de mediana categoría que hace uso de sus atributos espirituales para maniobrar políticamente.

Entre las luchas perpetradas con la participación de angevinos y aragoneses, existe una víctima circunstancial. Allain de Avesnes, caballero al servicio de los angevinos, deja a su esposa e hijo pequeño en su residencia maltesa. Acude a la defensa del puerto, atacado por aragoneses. Finalmente, el noble francés muere y el puerto es tomado por los invasores.

¿Qué sigue? Un episodio singular, al más trágico estilo de Dexter:  un grupo de mercenarios entran a la residencia de Allain, vejan a la sirvienta y a la esposa (ahora viuda) y terminan por asesinarlas. Los cuidadores de las nobles mujeres les dan la espalda al final, para salvar el pellejo. Un italiano y un gascón. En un charco de sangre, el niño está inerme, a mecerd de los instintos de estas bestias salvajes, que a punto están de arrojarlo al despeñadero del castillo.

Digo bien que a punto están, porque en ese punto entra a la residencia el noble caballero aragonés Artal de Exea. Como todo noble caballero, el no tiene los bajos instintos de sus compañeros de conquista. Impide la muerte del niño, y lo toma en adopción. Se hace la promesa de educarlo bajo los más puros principios de la caballería medieval, sin omitir su pasado tormentoso, a fin de que el imberbe muñeco tome venganza en un futuro por dilucidar, si es el deseo del mozalbete.

De aquí en adelante, dicho niño será llamado Blasco de Exea, en honor a su padre adoptivo. El crecimiento y desarrollo del protagonista principal se ve intercalado por episodios de la historia de Aragón. Concretamente, de las ambiciones del rey Jaime II por conquistar Cerdeña.

De aquí en adelante, tenemos un contrapunto que se entreteje entre dos tramas interesantes: la lucha de Blasco por consumar su venganza, y la lucha de Jaime II de Aragón por conquistar su isla. La historia nos dice cómo termina esta historia, a grandes rasgos. Y la lógica narrativa nos indica cómo termina la vida de Blasco. Digo, si la novela se llama “Venganza de sangre”…..pues obviamente que tenemos venganza. Y al estilo Kill Bill.

Pero no se anticipen tanto. El autor hace gala de sus dotes de erudición y desparramamiento literario. Para llegar a los dos finales deseados, no hay una línea recta, haciendo honor a la matemática. El camino se torna tortuoso, advenedizo, retador y desconsolante. Blasco tendrá que crecer, enamorarse, frustrar su amor, volverse templario, participar en misiones misteriosas, enamorarse, frustrar su amor, huir, luchar en países ajenos, rescatar a sus hermanos caídos en desgracia, enamorarse otra vez, frustrar su amor. Y juntar su destino con el de la conquista de la isla.

Toda la verborrea vertida en el párrafo anterior es simplemente una muestra de lo que le espera al lector. Un ladrillo de 750 páginas para consumar un final ciertamente anticipado. Les recuerdo que lo divertido del viaje no es llegar al destino. De vez en cuando, el viaje mismo es parte de las vacaciones. Eso mismo pasa con este libro.

El estilo de redacción del libro es muy formal, con un lenguaje bastante técnico, si se me permite el adjetivo. Encontrarán un acervo de términos relativos a las vestimentas medievales que no siempre son comprensibles para el lector promedio. El autor propone un glosario al final, el cual puede ser de utilidad. Honestamente, cuando su servidor entiende por contexto que Blasco trae su armadura, se da por bien servido. ¿Importa si trae bien puesto el almófar, si se rasparon las brafoneras? ¿Si se quitó la brigantina para sacudirse la crespina? Y la garnacha no es comida mexicana en este contexto: es una especie de chaleco o abrigo de usanza aragonesa. A veces no percibo la diferencia entre cultura y pedantería.

Si eres amigo de la historia, éste puede ser tu libro. Pero es una historia muy particular, la de Aragón. Seguramente el escritor tenía en su mente como público primario a sus paisanos, lo que hace que en el ámbito internacional el libro pierda atractivo. Si te gustan las historias medievales, este libro es perfecto. No solo aparece Jaime II, sino que sale también Robert de Escocia, y hasta José de Arimatea. El autor cae en algunos excesos al final del libro que bien pueden resultar divertido. Solo te pido que le tengas paciencia al libro. Te puede cansar al principio, pero si le eres fiel, te corresponderá con buenos ratos al final.
 
 

miércoles, 20 de marzo de 2013

IMPERIO, la novela de Maximiliano. Experimento de Héctor Zagal.


Pocas veces puede uno referirse a la historia relativa del Imperio de Maximiliano y la segunda intervención francesa, sin evocar por lo menos someramente a Fernando del Paso. Su obra, en este caso, tiene el carácter de monumental, a juicio de muchos –incluyendo el de su servidor-. Debo de reconocer que dicha novela fue de las delicias de un adolescente preparatoriano en plena confusión. Lo único que tengo seguro, es que la historia siempre ha sido materia de mi predilección.


En este contexto, IMPERIO no pretende ni superar ni sustituir a la meganovela de la Intervención Francesa. De hecho, pareciera que utiliza un enfoque completamente suplementario. La novela de Fernando del Paso va utilizando la mirada de Maximiliano y de Carlota, principalmente. Este escrito utiliza una variedad de personales, los cuales nos brindan sus detalles conversacionales, ayudando a pincelar todo el panorama de los últimos días de Maximiliano y su consabido fracaso imperial.

Así pues, a lo largo de la lectura tenemos la óptica de Maximiliano, preso y en capilla, en Querétaro. Pero, junto con dicha visión, complementamos el mapa circunstancial con fragmentos de vida de los demás personajes, menos Carlota. Pareciera una contraposición menor a Fernando del Paso. Desfilan por las hojas el Arzobispo Labastida, el Príncipe Leopoldo, el emperador Francisco José, Tomás Mejía, Miramón, incluso el cocinero Tüdös. Lo que tienen en común es que todos comparten los últimos días de vida de Maximiliano desde su perspectiva.

A manera de recuerdo, el fallido emperador nos va informando de sus desilusiones, sus fallas, sus supuestos pensamientos íntimos y la enseñanza final. Dicha enseñanza se pagará con sangre. En este sentido, Héctor Zagal realiza un ejercicio de interesante verosimilitud al imaginarse qué sería lo que pensarían todos los protagonistas de esta Novela. El lector deberá acostumbrarse a los vaivenes del escrito, que nos lleva de ida y vuelta con Maximiliano, pasando por los protagonistas menores. Más que un contrapunto, estamos viendo una historia de días, enriquecida con las visiones, un tanto catastrofistas, de los amigos de Maximiliano.


Se puede aprender de esa época, leyendo la Novela. No es la situación ideal para quien no conoce del tema. Pero sí ayuda a enriquecer las visiones y a compartir el posible punto de vista del perdedor, con un sutil sarcasmo cortesía del autor. Hay que reconocer que dicha invasión pareciera una maldición histórica de nuestro país. Ahora hay unanimidad en su condena, y consideramos a su mera constitución como un disparate. Pero se nos olvida que el acervo cultural de nuestra patria, enriquecida con dicho intercambio, provocó los elementos más representativos de nuestra cultura popular mexicana. ¿Qué sería de nuestra tradición cultural sin la música de mariachi, de banda, de polka norteña? Hablamos solo de la música…habría que hablar de la comida, la vestimenta, las costumbres.

En definitiva, IMPERIO es un gran soldado, en esta batalla que comanda NOTICIAS DEL IMPERIO. La primera, entretenida; la segunda, grandiosa. La primera, novedosa; la segunda, clásica. No son diferentes; más bien, complementarias. Para nada excluyentes de leerse.