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sábado, 26 de abril de 2014

ODISEO. El Juramento.


Es difícil tocar el tema de los grandes clásicos, sin tomar una postura que necesariamente tendrá que pisar "callos" en nuestros tiempos. El relato escrito estimula el cerebro -según algunos neurólogos- hasta el triple de lo que lo hace un video. Pero en estos tiempos en los que el hedonismo y el consumismo son el equivalente al Zeus y Hera de la civilización occidental clásica, hay que sacrificarles en el altar del presupuesto versiones renovadas, adaptaciones, novelas gráficas, películas y series de televisión. Nada más osado que tomar el libro original y, una vez internalizado, cederlo a la siguiente generación. Es sacrilegio. Ya no es acostumbra.

Con Homero pasa lo mismo. Dejemos de lado las polémicas suscitadas por los investigadores en años recientes. ¿Existió Homero? ¿Era hombre o mujer? ¿Eran varios, o uno solo? El libro de cabecera, el vademécum sobre los valores de la cultura griega y romana (por lo tanto, de la cultura occidental) era un libro para ser contado, ni siquiera para ser leído. Todo mundo habla de los personajes, y cuenta la historia como si realmente la hubiera escuchado. Si preguntamos a la mayoría en qué género estaba escrita la Iliada, nos llevaremos desagradables sorpresas. En la actualidad nos presentan un producto sobre-masticado y mal digerido. Una película en la que Aquiles es Brad Pitt y Héctor es Erik Bana.

Pero tampoco seamos demasiado severos. Si tomamos un ejemplar de la Iliada, basado en las copias más antiguas, puede resultar ilegible para nuestro estilo y nuestro tiempo. Y la historia de Helena, de Paris, de Aquiles y Ayax...merece ser contada. Amerita ser conocida por todas las generaciones.

Un reto para los corazones inquietos consiste en tomar las grandes obras de la antigüedad, y tratar de leerla, adaptándonos nosotros a la obra. Se necesita mucha cultura, sentido de exégesis y capacidad de contextualización. Poco a poco, con una gran capacidad de introspección, se pueden rezar los versos que componen los cantos de la conquista de Ilión.

El camino fácil (posiblemente el más adecuado para principiantes) es tomar una de tantas adaptaciones que hay sobre la obra original. Ya no en verso, sino en una narrativa sencilla, podemos escrutar sobre cada una de las batallas, sobre el proceso de alianzas, sobre los sentimientos humanos más impredecibles, que nos hacen suponer que tanto el amor como la venganza pueden causar las mayores conquistas de la historia.

Y como camino intermedio, tenemos a Valerio Massimo Manfredi. Uno de mis escritores favoritos. De hecho, primero es historiador y arqueólogo, y luego novelista. "Odiseo, el juramento" Es el último producto novelado de sus últimas investigaciones y reinterpretaciones sobre un acontecimiento que, con los descubrimientos arqueológicos del siglo antepasado, tenemos certeza de que sucedió.

Tanto la Iliada como la Odisea están escritas en tercera persona. Esto nos ubica como espectadores, un tanto ajenos, de los acontecimientos narrados. Valerio apuesta a ponernos como parte de la acción, y se sumerge en el personaje de Odiseo (Ulises, pa`la raza). Como todo buen cocinero, no nos lleva al banquete de inmediato. Nos hace pasar a su casa, nos prepara aperitivos, y nos acerca al delicioso aroma de las viandas. Nos prepara de la manera adecuada, demostrándonos todo lo que ocurrió para que semejante conflagración se llevara a cabo. Y cuidado señores, Valerio Massimo Manfredi no es Francisco Martín Moreno: no llena los huecos a la ligera. Lo que escribe refleja el texto, la fuente, y se apega a la verosimilitud.

No nos entretiene con descripciones demasiado largas y quisquillosas. Hay un equilibrio adecuado entre descripción y acción. También hay un equilibrio entre el pensamiento de Ulises y lo que ocurre a su alrededor. La novela fluye con naturalidad, y uno, a medida que avanza, quiere llegar a ese choque de trenes que constituyó la conquista de Troya.

Una propuesta válida: conocer a Odiseo desde su infancia, acompañarlo a la visita de su abuelo, el rey lobo que es despreciado por sus pares. Arriesgar la vida es parte del aprendizaje y, en la gran mayoría de los casos, la inteligencia supera a la fuerza. ¿Por qué mueren Heracles y Aquiles, pero Ulises sobrevive a todas las pruebas? Hay que descubrirlo con la lectura de esta novela, y con una segunda parte que se infiere una vez terminada ésta.

Una buena novela, una posible autobiografía de Ulises. Si eres aficionado de la época, del autor, del género o de la literatura en general, disfrutarás viendo crecer a Odiseo y convertirse en el factor clave, en el mejor modelo a seguir para los griegos, los romanos, los occidentales.....para nosotros.

Recomendable, y disfrutable. Si pueden, adquiéranla.
 

miércoles, 12 de febrero de 2014

LA INFANCIA DE JESÚS. Alegoría antisistémica.


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Hay autores que nos acercan a todas las tonalidades del espectro literario, en cuanto a los galardonados por el Nobel se refiere. Con algunos hay que andarse con tiento, mientras que con otros percibimos su literatura como un “libro abierto”. Me refiero a esa figura en el sentido de que hay autores más universales que otros en su comprensión; a pesar de que el premio siempre tiene un argumento de universalidad.

¿Será por eso que no le entregan el Nobel a Murakami? Sus libros pueden devorarse de forma intensa en todo el mundo desarrollado,  pero la temática y los personajes de sus novelas siempre tienen una carga profundamente nipona y contemporánea. Como sea, todos le entendemos y apreciamos.

Por otro lado, Vargas Llosa, a pesar de ser catalogado como profundamente latinoamericano, no se circunscribe en todas sus obras a personales latinos. Y un tercer tipo de escritores se refiere a aquellos que parece que escriben para el ser humano, sin adjetivos.

Con esto me topé cuando compre el último libro de John Maxwell Coetzee. Premio Nobel de Literatura allá por el 2003, si no me equivoco. Al leer su libro, no pude evitar sentir similitudes con Saramago y con Calvino, desde mi perspectiva muy particular.

En “Ensayo sobre la ceguera”, Saramago omite dar señas particulares de sus personajes. Son universales. El que se identifique con tal o cual, que se “ponga el saco”. El doctor, la esposa, la mujer galante. Un gran libro que analiza desde su profundidad y dolor, al género humano.

Con Italo Calvino, creo que se necesita un poco más de aportación del lector. “Las ciudades invisibles” es un título de difícil digestión si va uno en busca de un relato fácil. Es la obra reina de las alegorías.

Precisamente de eso se trata Coetzee en su nueva novela. Si bien en un principio es fácil de leer, pronto nos damos cuenta de que debemos de superar la fácil comparación y volar más alto, para interpretas –disfrutar- su novela. Las taras no están permitidas. Hay que ponerse a pensar.

No sabemos mucho del mundo en general. Pero hay un nuevo país al que la mayoría llega cruzando el vasto océano.  Al llegar, hay una suerte de campamentos de refugiados. Tienen un curso de español intensivo, pues es ahora el idioma del país receptor. Ironías del destino, el lenguaje de la ciencia, la cultura y los negocios es el español.

En esas circunstancias llegan Simón y David. El primero, un adulto de unos 45 años; el segundo, un párvulo de tan solo 5. No son familiares. Simplemente, el niño tenía el nombre de su madre en una carta que perdió durante su estadía en el barco. Simón adopta al niño, por decirlo de una manera. Y se propone ayudarlo a encontrar a su madre, una vez que se instalen en el nuevo país. Su misma edad les es asignada al llegar a la tierra prometida.

Luego de seis semanas de acondicionamiento en Belstar –el campamento de refugiados en la playa- son movilizados a Novilla, la ciudad importante. En el nuevo país priva una suerte de estado de bienestar. Tienen asignado un departamento para ellos, el transporte público es gratuito, hay garantía de conseguir un trabajo. Sin embargo, también hay fallas en el sistema: por cuestiones de horario y logística no pueden acceder a su departamento y duermen en un tejaban construido para el momento.

Algo raro pasa en Novilla. La gente es amable, sin llegar a ser cariñosa. Hay respeto y apoyo entre las personas, pero nada de sentimientos fuertes. La comida es sosa…nutritiva sin encantar. En pocas palabras, la gente ha renunciado a la pasión por algo, y se han conformado por vivir bien, de acuerdo a los estándares generalizados.

En Simón hay una doble lucha: al mismo tiempo que se cuestiona el statu quo de la sociedad imperante, busca, por medio de corazonadas, a la posible madre de su hijo. En el camino, tiene tiempo para establecer relación con una vecina. Su hijo adoptivo, hace migas con el hijo de la vecina. Hay la posibilidad de formar una pareja, pero de antemano las personas renuncian al fracaso amoroso; por eso evitan esas emociones fuertes.

En un lugar llamado “La Residencia” a Simón le parece haber encontrado en Inés a la madre de David. Recuerden que todos los nombres de los personajes son nuevos…a todo mundo se le ha pedido implícitamente que renuncie a su pasado y a su historia anterior. Por eso no hay parentescos ni genealogías. El semianonimato es la clave para sobrevivir en ese mundo prometeder. La famosa Residencia es una suerte de coto para personas de un estrato social alto. ¿Quién decidió que ellos serían la clase alta en el nuevo mundo? Quién sabe.

La segunda parte de la novela viene en marabunta. Se agolpan los cuestionamientos de Simón al sistema, a la forma de trabajar, a la manera como Inés quiere educar a David, al sistema educativo tradicional, al sistema educativo especial, y a los caprichos del nuevo David. Su madre lo sobreprotege y él entiende que la verdad absoluta proviene de su imaginación, no de la adecuación de la mente con los objetos.

Ya saben que en estos comentarios tratamos de evitar relatar el final de cualquier obra. Pero debo de decirles que las aplicaciones –y las implicaciones- de la novela son muchas. ¿Qué quiso decir el autor al referirse al nuevo país? ¿El sueño americano, el sueño europeo? ¿Hay que renunciar a nuestro bagaje cultural para conseguir un mundo mejor? ¿El mundo mejor realmente es mejor? El estado planificado, el estado de bienestar….son un paliativo, son un fracaso.

La gente vive razonablemente bien, pero no es feliz. O al menos en ese mundo se ha renunciado a lo mejor, en aras de lo bueno. Los Valores Universales han agregado valor a la vida, pero le han quitado sabor a las particularidades humanas. Y la filosofía se encarga de cosas intrascendentes. En vez de preguntarse por el fin último de las cosas, el fin último de la persona humana, se pregunta sobre la “sillidez” de una silla. La esencia de las cosas, nunca de las personas. Y siempre está la angustia, a veces la esperanza, de lograr un futuro mejor.

El futuro mejor siempre está más allá. La utopía. Y Si Simón es formidablemente racional y filosófico al cuestionarse el sistema, él terminará declinándose por apoyar decisiones absurdas cuando de sus seres queridos se trata. NO está casado, ni es el padre o tutor legal de David. Pero una pasión interna lo lleva a buscar lo que considera mejor para el niño. Una tremenda paradoja de vida.

Empieza como un libro ligero, pero nada que ver. “La infancia de Jesús” es un libro que pone a pensar tremendamente, una vez que uno sabe apretar el botón adecuado. Una Mega-alegoría del mundo posmoderno, con ejemplos del siglo XIX. Porque parece que los hombres estamos condenados a repetirnos, cuando las soluciones que encontramos no son perfectas…solo buenas.


sábado, 4 de enero de 2014

Érase una vez México 1. Saber para ser.

ERASE UNA VEZ MEXICO 1: DE LAS CAVERNAS AL VIRREINATO
Es una afirmación repetida innumerables veces: quien no conoce los errores de su historia, está condenado a repetirla. Lo que no nos dicen es que lo que podemos catalogar en condición de "error" puede tener criterios de lo más disímbolos. Miguel Hidalgo era, a corto plazo, un insurrecto fracasado; para los españoles, un traidor; para los criollos "bien", una amenaza al statu quo. Ahora es el padre de la patria. ¿Su movimiento fue un error? Podemos desencadenar el mismo juego de perspectivas. Para no asfixiarnos en la interpretación de los hechos, debemos de estar de acuerdo en los hechos contantes y sonantes. Y partir de allí, para empezar.

Creo que esa es la primera intención de los autores de "Erase una vez México". Pretende ser una trilogía que se publicará a lo largo de estos cinco años, aproximadamente. Una compilación de los principales acontecimientos históricos que enmarcan el surgimiento y desarrollo de esta nación en la que vivimos.

De Sandra Molina no conocía mucho. Había visto su nombre en la autoría de algunos pequeños libros, titulados "Charlas de café con...". De Alejandro Rosas, simplemente mis respetos. Creo que es de los divulgadores de la historia más serios que encontramos en los medios actuales. Puede parecerle a muchos frívolo el hecho de que lo veamos compartir detalles interesantes sobre las fechas célebres y los aniversarios del momento, en muchos espacios radiofónicos. Pero creo que, en cuestión de historia, más divulgación es mejor. Si le quitamos el tono academicista a la historia, resulta del agrado del público. Sin caer en el tremendismo o el amarillismo.

Este primer volumen -como lo dice su título-, nos lleva "de las cavernas al virreinato". Si partimos que, según las teorías más aceptadas de la actualidad, el hombre primitivo salió de África hace unos 80 000 años aproximadamente, resulta sorprendente que ya para el 40 000 a.C. estén cruzando el estrecho de Bering. Y toda la diversidad de razas (color, altura, pelo, ojos) tuvo esa pequeña cantidad de años para lograr la diferenciación, en base a la adaptación al entorno.

Los testimonios más antiguos de la población humana en México, los tenemos en la "Mujer de los Baños". Está datada en el 13 000 a. C. Sobre esta primera parte, a falta de registros arqueológicos adecuadamente interpretables, los coautores dedican solo un capítulo.

Creo que el contenido del libro está un tanto "desbalanceado". Un solo capítulo para la parte prehistórica. Un solo capítulo para todas las culturas precolombinas. ¿Cómo desarrollar a olmecas, zapotecas, teotihuacanos, mayas, totonacas y toltecas en 20 páginas? Imposible. Un tercer capítulo nos habla del origen y desarrollo del pueblo mexica. Y el cuarto capítulo desarrolla la conquista del señorío mexica, o lo que muchos llaman la Conquista de México.

Del capítulo V al X, incluyendo el Epílogo, se desarrolla al vida del virreinato de la Nueva España. Un acierto en el sentido de que son casi 300 años que la historia liberal casi equipara con la Edad Media de la historia de nacional. Nada más alejado de la verdad. Una etapa que la historia oficial generalmente prefiere omitir.  Y resulta que en esa época es donde realmente se configura nuestra nación en cuanto a su cultura, sus dimensiones y sus características sociales básicas.

La segunda mitad es realmente disfrutable, proporcionando datos que difícilmente encontraremos en otras compilaciones de la historia de México. Anécdotas particulares y síntesis por etapas se mezclan para proporcionarnos un relato realmente agradable.

Soy sincero, tengo en mi biblioteca una compilación del mismo estilo, realizada por Armando Ayala Anguiano (qepd). Me parece superior a la que pretenden Sandra y Alejandro. Solo en la parte del virreinato se podrían equiparar un poco. Pero en lo que respecta a las culturas prehispánica y a la historia oculta y mitos de aztecas y toltecas , Armando Ayala nos ofrece un exquisito buffet, mientras que Sandra y Alejandro nos ofrecen, a duras penas, un combo de promoción.

Sin embargo, entiendo que la intención del libro es la divulgación entre los que apenas saben unos pocos datos sobre nuestra historia. Desde esa perspectiva, el libro cumple con el objetivo. Tienen que despedir a su editor, pues en los primeros dos capítulos hay varios errores ortográficos y algunas erratas en los mapas ilustrativos. Alguno de los técnicos tenía una obsesión con los "teotihuacános" porque cada vez que aparece dicha palabra, siempre la escriben con esa tilde innecesaria.

Si eres un aficionado a la historia, o por mero interés de cultura general, este libro puede ser tu puerta de entrada a una mejor comprensión de lo que somos, a partir de entender lo que fuimos. Yo me sigo quedando con las obras de Armando Ayala Anguiano, con todo y que algunos no gusten de su postura. Para mí, un destructor de mitos. En eso coincido con el caricaturista Calderón.
 

viernes, 27 de diciembre de 2013

LOS REYES MALDITOS VII. De cómo un rey perdió Francia.

LOS REYES MALDITOS VII:
De cómo un rey perdió Francia. A nivel de opinión general, puedo decir que la saga de Los Reyes Malditos es una serie magníficamente escrita, que respeta dos aspectos fundamentales en su construcción: las leyes de la narrativa y el rigor histórico. La “cama” sobre la que se propone todo el relato obedece a datos objetivos que, en su naturaleza de historiador, Maurice consideró fundamental resaltar.
 Las partes sobre las que no hay una conclusión histórica generalizada, (como el hecho de la sustitución de Juan el Póstumo, o las conexiones hechiceras de la dama Hirson) son las que permiten la narración novelesca de la trama. Llegando a la última parte de su serie, está más que claro el relato en sus tres partes: planteamiento (la maldición de los templarios, en el apogeo del reinado de Felipe el Hermoso), el nudo (la aparentemente anormal sucesión rápida de sus tres hijos, y la implementación de la ley sálica, lo que impide la descendencia por vía femenina) y el desenlace: gobernantes ineptos que sumen a Francia en la decadencia y la casi destrucción total de su territorio e identidad.
En mi opinión personal, el Séptimo Capítulo es el más “flojo” de todos. De hecho, ahora que lo leo por enésima vez, casi me parece que sale sobrando. Está narrado en un tono un tanto epistolar, lo que le adjudica a los hechos un carácter un tanto lejano, casi anecdótico. El narrador de la historia, el Cardenal Tayllerand, visita sus posesiones eclesiales, al tiempo que hace un recuento de los hechos. Para que un relato narrado desde estas coordenadas funcione, es necesario que el narrador despierte simpatía o empatía con el lector. Este cardenal despierta todo lo contrario. ¿En qué los quedamos?
Dejamos atrás los escarceos y los pequeños saqueos de pueblos costeros. Viene la invasión en toda forma. El rey Felipe de Valois es un gran caballero en las justas y en las competencias. Pero es un pésimo estratega de guerra. Eduardo III tiene éxito en hundir a la flota francesa, acantonada en Normandía. Avanza en Aquitania y derrota a la caballería francesa en la batalla de Crécy. En un afán de dominancia, los mismos caballeros franceses arrollarán a su propia infantería, y en medio del caos son blanco fijo de los arqueros ingleses. Francia pierde buena parte del meridiano galés y la parte de Calais.
El rey Felipe queda viudo. Está distanciado de su propio hijo y sucesor, Juan II. Ya es más que sabido el rumor sobre la homosexualidad de Juan. Como todo rabo verde, Felipe el viudo se enamora de la prometida de su hijo. Se desposa con ella y morirá a los seis meses de este nuevo matrimonio. Aceptará una tregua de siete años. Se le conoce como el rey que, tras la batalla de Crécy, anduvo vagando por la campiña solicitando ayuda. En la tregua, la peste asoló Europa. Se llevó a millares de personas, menos al hijo del rey.
Llamado comúnmente Juan el Bueno, será más bien un sujeto vanidoso, veleidoso, cruel, incapaz de gobernar al país en tan tremendas circunstancias. A este rey Juan, le ocurrirá de todo. Se le buscará otra esposa, la cual morirá en la peste. Se le buscará una nueva esposa, pero su favorito es Carlos de la Cerda. Impone modas de un talante un tanto afeminado entre la nobleza de su tiempo. Tiene preso a Carlos de Navarra “llamado el Malo”. Y su reino se debate entre la inflación y las amenazas externas. Los ingleses saquean de manera continua el país. Eduardo III y su hijo “El príncipe Negro” realizan correrías por el norte y el Languedoc.
Se dice que hay dos capitales de Francia: Burdeos, que resuma abundancia, y París, donde todo es al mismo tiempo caos y frívola ostentación. En medio de tales tribulaciones, el cardenal Taillerand será enviado a proponer una paz para ambos reyes. A cambio, les propondrá una cruzada conjunta contra el turco. Las peripecias del momento dificultan un tanto las labores diplomáticas. El rey Carlos de Navarra ha sido liberado de su prisión. Juega a dos manos: promete lealtad tanto al rey de Francia como al rey de Inglaterra. Una conspiración ha logrado asesinar a Carlos de la Cerda, el favorito del rey. Juan se vuelve loco y busca quién se la pague.
En Ruan, el delfín Felipe convoca un gran banquete. Numerosos nobles normandos, incluso el rey Carlos de Navarra, acuden al famoso festín. El rey Juan llega por sorpresa a la ciudad y toma presos a los principales asistentes. Algunos serán ejecutados un par de días después. El rey Carlos será puesto preso, en espera de una sentencia final. Mientras tanto, el Príncipe Negro comete otra de sus correrías en una vasta zona del país. En rey Juan ha convocado a sus nobles y ha tomado la oriflama. Al ser avisado, busca flanquear en su camino al ejército inglés, y aplastarlo. Por una vez en la vida, parece tomar una decisión lógica y atinada desde el punto de vista militar.
Para acelerar su paso, licencia a su infantería. Creen haber aprendido de la batalla de Crécy, donde la misma caballería francesa tuvo que arrollar a su infantería a causa de la lentitud de los pedestres. Al final de cuentas, logran el flanqueo. El príncipe negro está rodeado, con un solo camino de acceso (bastante estrecho) y con 5000 soldados. El rey Juan posee cerca de 25000 soldados. El cardenal Perigord se convierte en un boomerang que pasa de campamento en campamento, negociando una rendición sin sangre, o una tregua inclusive.
Incluso sin combatir, bastaría a los franceses rodear el campamento invasor para hacerlos rendir por falta de pertrecho, unas semanas después. Aquí, ocurre lo inaudito. Justo cuando el príncipe negro renuncia a todo lo que ha ganado en la invasión, la respuesta del rey Juan es NO. Decidirá atacar. Y como en la batalla de Crécy la caballería fue derrotada, ordena a su caballería que desmonten y que suban a la colina así, por su propio pie. De esa forma, con 10 o 15 kilos de peso, los caballeros se mueven como figuras de lego, blancos fáciles para los mortíferos arqueros ingleses. Y ocurre la masacre. Juan el Bueno termina prisionero. Se le trata con todas las consideraciones, la crema y nata de la sociedad francesa será muerta o tomada cautiva, en espera de un cuantioso rescate. Y Francia comienza una de sus etapas más oscuras.

Oh Jerusalén. Un pueblo indómito.

Cuando reflexioné sobre la manera de empezar este comentario sobre el libro "Oh Jerusalén", no Oh, Jerusalénpodía alejar de mi mente el hecho de que quizás profanaría con mi humilde narrativa a dos gigantes de la humanidad. Uno es el pueblo judío, y otro es Dominique Lapierre. Permítanme explicar.


Hablar del pueblo judío es difícil, porque implica querer circunscribir con unos párrafos a los fundadores del monoteísmo, a los iniciadores de uno de los libros más populares del mundo, a los autores indirectos del pensamiento occidental. A un pueblo que permaneció sin territorio más de 2000 años (contando los casi 1900 de la era cristiana, y poco más de cien con el destierro de Babilonia en la era precristiana) y que, a pesar de ello, conservó su esencia cultural y su sentido de identidad y pertenencia. Simplemente la misión supera las fuerzas de cualquier escritor.

Y hablar de Dominique Lapierre es hablar del periodista que mejor supo realizar la transición entre el reporte periodístico y la narrativa convencional. Gabriel García Márquez, intentó lo mismo, pero se perdió en el camino. Su pérdida nos trajo el tan discutido realismo mágico. Hemingway quedó atorado en las ataduras ideológicas con las que simpatizaba. No dudo que hablo de grandes escritores. Pero Dominique Lapierre simplemente nos sabe transmitir el drama humano de cada una de las situaciones que transcribe: ya sea la guerra de independencia de Israel (Oh Jerusalén), la misericordia y la excesiva miseria de los barrios de Calcuta (La ciudad de la alegría) o incluso la esperanza donde hay solo fatalismo para un enfermo de sida en los 80`s (Más grandes que el amor).

El libro "Oh Jerusalén", fue redactado el año de 1972. Es una crónica magnífica de los esfuerzos del gobierno de Israel por sobrevivir como nación, antes y después de la fecha de activación del reparto que sugirieron las naciones unidas en 1948. Recordemos que la ONU dio como fecha límite a los ingleses abandonar el país el 14 de mayo de 1948. Aunque se hizo una propuesta de reparte de territorio para judíos y árabes, los pueblos árabes no lo aceptaron. Juraron desaparecer al estado de Israel a partir del momento de su nacimiento.

Las dos partes del libro nos hablan de los preparativos en ambos lados para cumplir su objetivo primordial: para unos la desaparición, para otros la sobrevivencia. Si resulta dramático ver a los sobrevivientes de los campos de concentración, salir de Guatemala para caer en Guatepeor, podremos imaginarnos el drama final de los residentes palestisnos que, tras la segunda oleada judía que los obliga a abandonar sus casas, terminan por ser los apestados del mundo. Prácticamente ningún país árabe quiso acojerlos en su territorio.

Hablamos de un drama que sigue en la fecha actual: Israel es el rival a modo de los árabes, ante la impotencia de luchar contra Estados Unidos. Israel es una nación mejor organizada, con mayor sentido de solidaridad y acostumbrada a luchar por su supervivencia. Queda claramente demostrado mediante las acciones narradas en el libro. Y los árabes están divididos, por más que usen el micrófono con numerosos tacos de lengua.

Definitivamente es un libro entretenido, A quien le guste la historia contemporánea, le agradará la lectura de esta obra de Lapierre, en colaboración con Collins. NO es su mejor obra, pero vale la pena. Y no caduca, porque las historia es así.

 

lunes, 9 de diciembre de 2013

LOS REYES MALDITOS VI: La flor de lis y el león.


Hemos llegado a la parte culminante de la saga. Las historias de dos países y de tres casas reinantes, colisionarán en este tomo para dar origen a una de las guerras más largas en la historia de los países. Resentimientos que todavía hoy salen a flote entre ingleses y franceses, tienen su origen en dicha conflagración.

Aparentemente, estos años manifiestan la consolidación de ambas coronas: la de los Plantagement en Inglaterra (con buena dosis de sangre capeta) y la de los Valois en Francia. Carlos el hermoso está agonizante. Es cuestión de días para que su muerte ocurra. Roberto de Artois, en los hechos el administrador del reino, mueve todas sus bazas para conseguir que la regencia caiga sobre el hijo de su protector Carlos, el cual murió otrora unos años. Carlos muere sin dejar descendencia masculina. Su tercera esposa está embarazada. Habrá que esperar, para tener un nuevo rey si el niño nace varón. Si, por el contrario, es una mujer, se aplicará la ley Sálica y se buscará un nuevo rey según el grado de cercanía de consanguineidad.

Mientras Carlos agoniza y tose sangre en su lecho, Roberto enlaza todos los cabos posibles, para asegurar que quede en la regencia su primo Felipe de Valois. De ser así, él podrá seguir mandando en el país más poderoso de Europa Occidental.

La historia, a lo largo del libro, se construye en una suerte de paralelismo entre el destino del rey de Francia, y el destino del rey de Inglaterra. Al nuevo rey de francés se le llama “el rey encontrado”. No era un rey de sangre, sino el candidato más fuerte por la cercanía familiar. Las mujeres quedan descalificadas por el criterio de la Ley Sálica.

Bajo ese mismo criterio, Eduardo III de Inglaterra no tiene por qué reclamar su derecho al trono, aunque su madre sea hija de Felipe el Hermoso. Como sea, enviará a Orleton con los pares franceses a reclamar su derecho al reino. Todos se sorprenden ante la insolencia de tal canónigo, enviado por el designio de un puberto real. En el debate de los nobles gálicos, su reclamación tendrá de momento un carácter meramente testimonial. Con el paso de los años, cobrará importancia.

¿Qué ocurre mientras tanto? En nuevo rey Felipe goza de una popularidad inicial completamente peñanietista: es alto, apuesto, tiene el porte de un verdadero rey y se luce en las justas y las competencias caballerescas. Todas las mujeres francesas sueñan con el nuevo rey; el rey encontrado. Roberto de Artois aprendió bien de su suegro, Carlos de Valois. Ahora es él quien en realidad manda en toda la campiña francesa. Aprovechará la oportunidad para reclamar de nueva cuenta el Artois. Ahora recurrirá a lo inverosímil: sabiendo, de buena fuente, que unos documentos que le otorgaban el derecho al condado fueron quemados por Mahaut, se propondrá falsificarlos.

Viene la ceremonia de vasallaje. Eduardo III no está muy dispuesto: un hijo de rey no debe arrodillarse ante un hijo de un noble. Los negociadores de ambas partes llegan a un formulismo adecuado. Y en plena ceremonia, Roberto de Artois vuelve a reclamar su condado, afirmando que presentará pruebas. Dimes y diretes se cruzan entre Roberto y su tía. La suerte está echada.

¿Qué ha pasado en Inglaterra? Tras tres años de regencia de Mortimer, éste se ha vuelto igual de tirano que los Le Despenser. Tiene dominada a la reina madre. Controla el país con mano de hierro. Poco a poco, destierra o ejecuta a sus opositores, incluido el Conde de Kent, tío de Eduardo III. Una nueva conspiración libertaria se gesta, ahora con el rey Eduardo a la cabeza. Está por cumplir la mayoría de edad, y no puede permitirse que Mortimer sea el verdadero dominador del reino. Un estilo de gobierno muy parecido al de Felipe el Hermoso se va gestando en la mente del nuevo rey.

El complot se pone en marcha: es atrapado Mortimer, desarmados sus secuaces, y condenado a muerte. Paradójicamente, es puesto prisionero en el mismo castillo del cual escapó, cuando conjuró contra el rey padre del actual.

El proceso del Artois está en marcha. La idea de las falsificaciones no se muestra del todo conveniente. Beatriz de HIrson, en tono vengativo por el trato que recientemente le profesa la dama Mahaut, conspira junto con Roberto. Es una doble espía. Ella cree que dominará al gigante, pero ella termina dominada por la pasión y la virilidad del aspirante a Conde.

Regresan los torneos de caballería. Un espectáculo para el pueblo, pródigo en gastos y en riesgos. No se habían realizado desde la época en que Felipe el hermoso los prohibió. Numerosos muertos y heridos en un afán competitivo, no en una guerra verdadera. En medio de uno de esos torneos, el rey Felipe le pide a Roberto que retire su demanda sobre el Artois, dado que la perderá. Los árbitros del juicio están convencidos de la falsificación de documentos. Roberto se niega. El rey Felipe le advierte que será condenado. Roberto huye. Es declarado proscrito.

Llegamos a la parte fundamental. Roberto, vagando de región en región, es, poco menos de un criminal de altos vuelos. Un perfecto apestado de la sociedad. Tuvo tiempo de cambiar sus propiedades y bienes por letras de cambio, que cobra poco a poco en cada lugar en el que recae, gracias a los banqueros italianos. La última obra buena de Tolomei hacia el gigante con aroma de jabalí.

En medio de esa odisea, Roberto se entrevista con el antiguo Conde de Flandes. Éste se queja de la situación de sus paisanos bajo el yugo francés. Dicha situación mejoraría, si obedecieran al rey de Inglaterra, pues de allí viene la lana que ellos convierten en telas. – Ese problema tiene solución – comentar Roberto. – Solo basta convencer al joven Eduardo de que él es el verdadero aspirante al trono de Francia.

La maquinación está en marcha. Roberto huye a Inglaterra. Es un huésped de honor, en la corte de Eduardo III. Poco a poco, irá sembrando en los presentes la idea de que el trono les ha sido usurpado por un advenedizo. Él construyó el trono de Felipe VI; ahora se encargará de destruirlo. En los capítulos finales, observamos los primeros incidentes de la guerra más prolongada de la historia: la guerra de los 100 años.

Roberto muere, encabezando un embate de tropas inglesas en el norte de Francia. Nunca verá de regreso su condado. El motivo real de la guerra se ha fulminado. Pero nadie lo sabe, o a nadie le interesa. Todos están envueltos en esa vorágine de confusión por la sangre, el honor, las tradiciones y, por supuesto, la ambición.
 
 

domingo, 24 de noviembre de 2013

LOS REYES MALDITOS V: La loba de Francia.



En este título de la serie, parece que hacemos una larga pausa sobre la situación de Francia, para observar con detenimiento la situación de Inglaterra. En Francia, reina Carlos IV, el hermoso. Hermoso pero falto de valor y de inteligencia. Realmente quien gobierna es su tío Carlos de Valois. El rey Felipe el Largo muere de una enfermedad infecciosa, por haber tomado agua contaminada. Con él se van los intentos de restaurar el centralismo y la eficiencia administrativa de Felipe del Hermoso. Su breve reinado de seis años tuvo como protagonistas principales a los pastorcillos que, en aras de una inspiración supuestamente mesiánica, inventaron una nueva cruzada pastoril (por no decir pauperil), invadiendo ciudades y arrasando todo lugar que se encontrara en su camino.

Dos de los tres hermanos han muerto sin dejar descendencia de varones. La única preocupación real que tiene Carlos es asegurar su descendencia mediante un hijo. Lo demás, lo deja en las manos de Carlos de Valois.

¿Qué ocurre, mientras tanto, en Inglaterra? El rey Eduardo II se ha ganado, poco a poco, la animadversión de sus súbditos. Ya perdió el territorio de Escocia en una guerra. Sus nuevos favoritos en la corte son los Le Despenser. El padre hace las veces de primer ministro, y el hijo de amante del rey. La reina Isabel está como presa en su propio palacio. Numerosos presos políticos están desperdigados dentro y fuera de la isla. El más peligroso de ellos es Roger Mortimer, conquistador de Irlanda y opositor de los Le Despenser.

Por medio de diversas alianzas y argucias, Mortimer consigue escapar del castillo donde se encontraba. Una buena estrategia consigue emborrachar y drogar a todos los vigilantes del castillo, de forma que él escapa en una lancha tras haber salido de su celda y escalado los muros. Su destino natural será Francia, donde espera encontrar aliados y condiciones propicias para ocasionar un rebelión que quite del trono al rey Eduardo.

En Francia, todos viven una suerte de euforia artificial por los aparentes buenos tiempos que viven. Parecen no darse cuenta de la incapacidad de sus gobernantes y de los oscuros entretejidos que rodean a toda la clase política. Una intervención punitiva en Flandes termina en un rotundo éxito, a pesar de la torpeza de algunos de los varones franceses. Esto les hará pensar que en la guerra, la caballería es lo que importa. Craso error, el cual se pagará después en la guerra contra Inglaterra.

Mortimer es presentado ante Roberto de Artois, quien a su vez lo presenta con Carlos de Valois y con el banquero Tolomei. El primero, para buscar una manera política de atacar al rey Eduardo y desbancarlo del trono. Con el segundo, para que le abra una línea de crédito y pueda vivir de manera adecuada en París, dado que sus tierras y recursos han sido confiscados en la Isla.

Al estilo Valois, Mortimer es convertido en caballero de la famosa Cruzada que pretende el buen Carlos. Y encuentran que la mejor forma de provocar a Eduardo es exigirle el homenaje que debe al rey de Francia, por el Ducado de Aquitania. La mejor forma de precipitar el conflicto es provocar enfrentamientos entre las fronteras del territorio francés y del gascón. En pocas palabras, Mortimer está enrolado en una cruzada que no le interesa; y para luchar contra Eduardo, tendrá que luchar contra sus compatriotas. Menuda situación.

El enfrentamiento en el suroeste francés tiene de interesante  en que es la primera guerra europea en la que se usan cañones. Recién importados de medio oriente, los mercaderes lombardos los venden al mejor postor. La pólvora es ya un invento que se comienza a generalizar, traída de China. Tras la victoria francesa, se manda a la reina Isabel como negociadora de paz y del homenaje. Empiezan los amoríos (antes platónicos, ahora reales) entre la loba de Francia y el indómito Mortimer.

Hemos dejado de lado a uno de los personajes más interesantes de la saga. Roberto de Artois, el gigante de los 100 kilos, con su eterno olor a búfalo y a macho francés, sigue haciendo lo imposible por desestabilizar el Artois y conseguir que le sea devuelto. Es yerno de Carlos de Valois y ahora está conectado con medio mundo. Dichas relaciones le servirán para su progreso y ruina posteriores.

Guccio regresa de Florencia. Visita a su tío, y está decidido a volver a ver a su antigua amada y al que cree su hijo. Los cuñados ahora están más proclives a aceptarlo como parte de la familia, dada su situación endémica de pobreza. Sin embargo, María de Cressay se siente incapaz de romper el juramento que hizo a Bouville en la antigüedad, y, por mucho que lo ama, decide no verlo en persona. Con esto, Guccio se convence de que María es una completa pécora ingrata. Toma al niño, el rey escondido, y decide llevárselo de los campos fangosos del Neauphe para que conozca una vida de verdad. Aparecerán en los últimos capítulos.

La misión de reconciliación entre Francia e Inglaterra se convierte en una expedición de reconquista. Numerosos nobles ingleses han cruzado en canal para visitar sus propiedades, pero no han regresado. Edmundo de Kent, hermanastro de Eduardo, fue derrotado en la toma de La Reole, pero ahora es aliado de Mortimer e Isabel. Cuando el rey Eduardo, por medio de escandalosas cartas, insta a Isabel a que regrese a Inglaterra, se da el golpe definitivo. Regresarla a solas implica la muerte. Regresará acompañada de un ejército de flamencos, ingleses y aliados, para destronar al sodomita Eduardo.

Tiene tan pocos aliados el rey de Inglaterra, que a la llegada de los insurrectos los pueblos prácticamente se le rinden. Eduardo y su amante se refugian en un convento. Pronto son encontrados. Eduardo será encarcelado, y Le Despenser torturado con lujo de crueldad. Se le pide su dimisión. Es negada. De hecho, el mismo hijo no aceptará la sucesión del trono si no es con la dimisión de su padre. Ante los hechos, su padre acepta firmar dicha renuncia desde su cautiverio.

¿Cómo termina este capítulo? Con la muerte del rey cautivo. Había que buscar una forma de matarlo que no dejara huella. Le insertarán un hierro candente por el trasero, rodeado de un cuerno de buey hueco, para que no queden rastros de quemaduras. El rey ha muerto. Viva el regente. Mortimer gobernará Inglaterra hasta la mayoría de edad del joven Eduardo III.

lunes, 18 de noviembre de 2013

LOS REYES MALDITOS IV: La ley de los Varones.


 
Imagen¿De dónde viene esa costumbre, tan cuestionada en los últimos tiempos, pero simplemente aceptada en los tiempos modernos, de que el patrimonio y el apellido se transmitan por el primogénito hombre? Ciertamente, un estudio antropológico serio nos llevaría al caudal de posibles causas que se encuentran arracimadas en la cultura machista de la antigüedad y de la Edad Media. Y al parecer, tanto en oriente como en occidente no tenemos muchas diferencias al respecto.


La preocupación de las casas reales contemporáneas sigue residiendo en asegurar su línea sucesoria mediante el nacimiento y la sobrevivencia de un hijo varón.  Nuestro presidente mexicano recién recibió en su visita diplomática al príncipe de Dinamarca. Recordamos con una sonrisa en los labios el Príncipe de Holanda, cuando hace tres años dijo en su discurso “Camarón que se duerme, se lo lleva la chin…” En Inglaterra están de plácemes por el bautizo del bisnieto de la Reina Isabel.  Y en España están más preocupados por el alicaído prestigio de la casa real española, que por el hecho de que hasta ahora el príncipe Felipe tenga solamente dos hijas.

Francia selló un destino tormentoso, en el momento que afirmó la ley Sálica. Regresamos a la época de los Capetos, con la muerte reciente de Luis X el Obstinado. Deja a su esposa Clemencia con un embarazo de 4 meses, y el inminente riesgo de complicaciones. El hermano de Luis, Felipe, aspira a la regencia; pero también a la corona. Su tío, Carlos de Valois, se considera el más apto, por sangre y por méritos, para gobernar al país.

En medio de tremendas discusiones, el consejo del reino se reúne. Carlos se asume como regente, y Felipe se encuentra en Avignon, tratando de lograr que un papa sea electo. Tiene a su lado al cardenal Duèze, hijo de un burgués francés, y favorito de los reyes de Nápoles y Francia. Hay que someter a los partidos italianos, provenzales y gascones para lograr un atisbo de unidad en el Colegio Cardenalicio.

De nuevo, los lombardos hacen el papel de gestores del futuro. Antes de la llegada del mensaje oficial, al príncipe Felipe le llega la notica por medio del correo lombardo. Solo él y el cardenal Duèze lo saben. Cierra las puertas de Avignón, se asume como regente y convoca a los cardenales para el duelo por el rey fallecido. Confiados, los cardenales asisten al templo. Luego, Felipe los encierra y “a la fuerza” consigue el cónclave: nadie saldrá de allí hasta haber elegido Papa.

Buena parte del libro se disfruta con las narraciones de lo que pasó (o pudo haber ocurrido) en el interior del recinto. Las tendencias y manías de los cardenales, la desesperación por el aislamiento, las votaciones infructuosas….y el cardenalillo francés que se finge gravemente enfermo. Los demás, en su desesperación, lo eligen papa: total, durará poco tiempo y ellos podrán salir. NO contaban con que el cardenalillo durará 17 años en el poder.

El resto del libro nos narra la tensión existente entre todos los bandos a raíz de que se tiene que elegir un regente, mientras nace el potencial sucesor. Hay una hija de Luis y Margarita, pero todos suponen que es bastarda. Se impone el príncipe Felipe como regente, tras hábiles estrategias de dominio político. Y en su esperanza de coronarse rey, propone la ley Sálica: la transferencia del poder real solo podrá ser transmitida a través de los descendientes varones.

La ley Sálica no solo aplicará a nivel económico, sino a nivel social: solo los hombres podrán poseer y transmitir los títulos y las propiedades. Y en buena parte del mundo occidental se imitarán legislaciones parecidas. Posteriormente, el famoso “apellido” será una reminiscencia de los títulos que heredaba una persona, por pobre o rica que fuera.

Guccio sigue siendo el mensajero de los grandes acontecimientos, y sigue enamorado de María. Obviamente no tiene cabida en un emparentamiento con unos nobles, por pobretones que sean. Los encuentros entre Guccio y María de Cressay son furtivo, y terminan en un embarazo. Guccio huye a Florencia, y su hijo nacerá apenas 5 días antes que el heredero del trono.

Mientras tanto, en la regencia, Felipe se porta con un aplomo y una inteligencia nunca visto en su antecesor. Toma preso a Roberto de Artois por seguir provocando el desorden en dicho condado. Consigue la elección de un papa favorable a Francia y recupera el apoyo de la burguesía. Su suegra, autora de la muerte de Nogaret y de Luis el Obstinado, ahora busca la manera de envenenar al pequeño heredero, en el caso de que nazca hombre.

En medio de terribles dolores de parto, la Reina Clemencia da a luz un Varón. Se llamará Juan I. Es tan débil, y su madre está tan enferma, que urge buscar una nodriza para alimentarlo. Entran en acción Bouville y su esposa, que llevan al palacio a María de Cressay. Ella alimenta a su hijo y a su futuro rey.

Llega el momento de la presentación del heredero. Bouville y su esposa, temerosos de que la Condesa Mahaut ejecute otro asesinato al tener al niño en sus manos, intercambian al hijo del Luis por el hijo de Guccio. Nadie nota el intercambio, y pasa lo esperado. El niño muere a los pocos minutos de haberse mostrado. Solamente tres personas en el mundo sabrán que el verdadero heredero al trono sigue vivo, bajo el cuidado de una pobretona rural. Y que el bebé muerto es el hijo de un comerciante italiano evadido. Felipe consigue su objetivo, con la participación de su suegra. Pero la justicia divina ni perdona. Su reinado, como veremos posteriormente, es una serie de eventos desafortunados.

lunes, 11 de noviembre de 2013

LOS REYES MALDITOS III: Los venenos de la Corona.


Es un dicho muy sabio: en la guerra y en el amor, todo se vale. Y los claroscuros que representan los pasillos reales de la residencia de Luis el Obstinado son el mejor ejemplo de ello. En un consejo real, todos los integrantes terminarán por apoyar aquella causa que convenga a sus intereses personales. Y si dicha causa coincide con la visión del mundo y del poder que tenemos, mucho mejor.

Luis X el obstinado es el nuevo rey de Francia, desde hace un año. Su salud es débil, su inteligencia poca. Su visión de estado es apenas una sombra de lo que prefiguraba su padre Felipe el Hermoso. Se acabó la visión centralista, con el fin de evitar derroche y administrar mejor los recursos del reino. El administrador real de Felipe el Hermoso (Enguerrando de Marigny) observa cómo en cuestión de días su partido se reduce a porciones simbólicas. Ahora el consejo está dominado por Carlos de Valois, tío del nuevo rey.

Bajo esa nueva tutela, se busca regresar al tipo de sociedad que prevalecía en la alta Edad Media: señores feudales fuertes y reyes débiles. La posibilidad de pelear entre señores casi por cualquier motivo. La libertad de acuñar moneda para cualquier señorío, con el consecuente desorden económico. Y un relajamiento entre el orden y la disciplina de las instituciones reales.

Nuestro nuevo rey, Luis X, solo tiene una obsesión: asegurar su descendencia mediante un primogénito varón.  Resuelto el problema de la esposa infiel, aparecida muerta de manera conveniente en el castillo donde se encontraba prisionera, su majestad ahora tiene la vía libre para casarse con la princesa Clemencia de Hungría. Se envía una embajada de nuevo a Nápoles, para acompañar a la princesa. El antiguo Chambelán del rey (Bouville) y el hijo del comerciante lombardo (Guccio), serán los encargados de acompañar a la dama en este periplo.

Nuestro libro no tiene solamente una línea argumental. Mientras Luis el Obstinado cuenta los días para estar con Clemencia, Robert de Artois alborota el gallinero en su anterior feudo, a fin de desacreditar a la Condesa Mahaut. Esta señora es muy poderosa: su yerno es el príncipe Felipe. Sería muy conveniente que el rey muriera, pues así como están las cosas –sin la descendencia asegurada- el reino pasaría por derecho de sangre al segundo hermano.

En ese compás de espera, el Conde de Flandes no rinde el homenaje al rey y se rebela, con todos sus ciudadanos flamencos. Luis X convoca a sus ejércitos para luchar contra los insurrectos. La pelea nunca se lleva a cabo, aunque los ejércitos estuvieron a una milla de distancia. En un verano húmedo como pocas veces, las tormentas y el fango impidieron la celebración de la hecatombe bélica. La crecida de un río pondría en riesgo la existencia misma del ejército.

Con el pretexto de recibir a la reina Clemencia, recién llegada de Nápoles, el rey Luis desarma a su ejército y regresa a Reims para la coronación. Ese ejercicio militar infructuoso pasará a la historia con el nombre del “ejército embarrado”. La coronación y la boda se llevarán a cabo de manera un tanto apresurada, casi sobre el camino. Será la primera de muchas decepciones que llevarán a la reina Clemencia a un estado de inutilidad posterior.

Producto de la rebelión en el Artois, se ordena un arbitraje sobre la zona. Roberto maquinalmente provocó dicha rebelión para desacreditar a la condesa y lograr que se le quite el condado de sus manos. Los juicios se hacen lentos y tortuosos. La condesa, al no aceptar el arbitraje ordenado por Luis, lo conduce a que éste ordene poner al condado bajo administración real.

Esta medida, devastadora, provoca que la condesa busque la muerte de Luis bajo cualquier medio. Su dama de compañía es especialista en conseguir venenos y pócimas para toda ocasión. Ya logró una pócima de amor que volvió a enamorar a Felipe de su hija. Ya consiguió que Nogaret muriera por contaminación de una vela. Ahora intentará envenenar a su rey Luis mediante una almendra garampiñada.

La reina Clemencia toma plena conciencia de que es reina gracias al asesinato. Al confrontar al rey Luis al respecto, lo conmina a pagar dicho pecado con una vida de bondad. Y al desgraciado sujeto le da por dar amnistía y perdonar a cuanto preso existiere en el reino, provocando el desorden y el caos. Incluso, prepara una peregrinación a manera de absolución oculta. Poco le durará el gusto, pues la condesa Mahaut logra ingresar a su habitación real, dejando la almendra envenenada a disposición del rey.

Por algo se llama “Venenos de la Corona”. Estamos saliendo de la época medieval en la que los asesinatos por envenenamiento dejaban de ser comunes. Los personajes nos hacen ver que dicha costumbre está muy lejos de abandonarse. El rey cae en su lecho, herido de muerte por la vía menos pensada. Deja a su esposa con un embarazo de cuatro meses. A unas cuantas millas de París, el lombardo se ha enamorado de una noble pobretona, a la cual también ha embarazado. ¿Quién diría que esta casualidad, constituirá uno de los puntos de inflexión de la historia real de Francia? No se pierdan el próximo capítulo.

domingo, 3 de noviembre de 2013

LOS REYES MALDITOS II. La Reina estrangulada.


Con la ventaja de que los VII volúmenes de la colección son de una lectura bastante ágil y accesible para el lector promedio (y me atrevería a decir: el lector mexicano promedio), puedo entregarles un breve comentario relativo a la temática del volumen II.


El rey Felipe el hermoso ha muerto. Ha sido un reinado largo, que deja el espacio a la incertidumbre, dada la naturaleza de los tres posibles sucesores. Luis, el primogénito, no controla su carácter, no tiene dotes de liderazgo ni naturaleza reflexiva. Tiene arranques de cólera y nulo pensamiento estratégico. Tose continuamente y parece de naturaleza frágil. Frecuentemente "reconvenido" por su padre, ahora tiene la oportunidad de demostrar su valía. Se inclina más por su tío Carlos de Valois que por los consejeros de su padre.

Literalmente el nuevo rey cambia por completo el estilo del Reino. Bajo el consejo de su tío, desarma poco a poco el sistema centralista de gobierno que su padre implementó, y concede más prebendas a los señores feudales. Un año de malas cosechas y otro de lluvia incesante tienen a Francia en condiciones lamentables.

Ambas partes juegan sus cartas. Los feudalistas con Carlos de Valois, Roberto de Artois y el rey. La Condesa Mahaut busca venganza, dado que su hija y su sobrina siguen presas producto de sus infidelidades para con los príncipes. Marigny, antiguo administrador del soberano Felipe el Hermoso, mueve sus influencias por todos lados, para que no haya papa ni anulación matrimonial.

Estamos en el nudo precisamente de este capítulo. Margarita, esposa de Luis, y Blanca, esposa de Carlos, siguen presas. Carlos no puede casarse de nuevo. La infidelidad no es motivo de anulación matrimonial. Sin embargo, si se convenciera a Margarita para que afirmara que nunca tuvo relaciones con Luis, el matrimonio nunca se consumó. Margarita puede mentir y salir de esa carcel....o negarse y esperar tiempos mejores.

Carlos de Valois ha prometido una reina a su sobrino. La tienen en la princesa Clemencia, residente en Nápoles. Pero el plazo impuesto por la abuela se termina. No habiendo papa y sin la oportunidad de otorgar una nulidad: dos acciones clave ocurren ante nuestros ojos: la destrucción de Marigny. el brazo fuerte del rey finado, y la muerte sospechosa de Margarita.

Finalmente, Marigny es eliminadio. Así como inventó crímenes contra los templarios, ahora es acusado injustamente. La compañía de comerciantes lombardos, prestamistas y negociadores, tienen un papel clave en el asunto. El astuto Tolomei tiene en sus manos a sus deudores, tanto como a la polìtica económica francesa. Cualquier semejanza con el presente es mera coincidencia.

El plato, pues, está servido para una tercera parte. ¿Podrá Luis consumar un nuevo matrimonio? ¿El reino de Francia podrá salir del bache tremendo en el cual lo han introducido los nuevos administradores? No se pierda el siguiente reporte, el cual estoy a punto de elaborar. No cabe duda que tengo adicción por los "Reyes Malditos".