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lunes, 20 de junio de 2016

JUEGO DE TRONOS. Tolstoi puede esperar.

JUEGO DE TRONOS

Debo confesarlo. Tras terminar la biografía sobre Porfirio Díaz de Carlos Tello, apresté mi mente y mis ojos al reto de leer "La Guerra y la Paz", de Tolstoi. Diversas circunstancias personales a lo largo del mes anterior impidieron que le diera continuidad al proyecto. Pero también debo decir que la narrativa decimonómica no es tan fácil como parece. ¿O más bien ya estoy demasiado influenciado por los estilos para editar videos, contar historias y describir cosas que tenemos en el Siglo XXI?

El punto es que estoy atascado en la ocupación Napoleónica de Viena. Creo que las vicisitudes de los Rostov, del Príncipe Andrés y del bastardo Pedro tendrán que esperar. Hace una semana acudí a la librería para gastar mis puntos acumulados, y no resistí la tentación de comprar el primer libro de la Saga de "Canción de Hielo y Fuego".  Claro, ya hay una edición de bolsillo, y eso baja el costo considerablemente.

¿Qué más puedo decir, que no se haya contado en la serie de HBO? Algunas cosas. ¿Merezco ser degradado en la categoría de personajes intelectuales o pensantes por entrar a la catafixia y cambiar temporalmente un clásico de la literatura por un best seller? Cuidado. En su momento, La Guerra y la Paz también fue un best seller. Y los primeros que leyeron el libro, tardaron cosa de 4 años. Recuerden que los primeros capítulos del libro salieron en una revista rusa, de entrega periódica. Sólo las últimas partes salieron juntas, y el libro completo se editó 4 años después de la aparición del primer capítulo.

Dicho lo anterior, creo que puedo tardarme más de un mes del que ya llevo en la lectura de Tolstoi. Y resulta que solo tardé 6 días en la lectura del libro de George R. R. Martin. Las cosas que hacemos por amor - muletilla pagada por Jaime Lannister- . Explico entonces mi primera experiencia con los libros del citado autor. Y advierto que soy juez y parte, pues me declaro fan de la serie de televisión. Y, por lo leído (no solo por lo "visto") creo que seré fan de los libros.

Vayamos por partes. En la librería, el libro estaba en la sección de "Fantasía". Pero me gustaría más una clasificación que representara algo así como "ficción" o "simulación histórica". Es decir, el libro está escrito con un estilo argumentativo y descriptivo que lo hace sumamente creíble, no solo atrayente. ¿Qué más da que en unas tierras llamadas westeros y Essos existan muros gigantescos, caminantes blancos y también uno que otro dragón? Si en la vida real Televisa fabrica un programa de naturaleza educativa para los niños, y pone a Laura G como conductora!!!! O bien López Obrador sigue en su cruzada contra la corrupción de los políticos, pero sus senadores afines se abstienen de votar a favor de una ley 3 de 3 cuyo objetivo es precisamente la lucha contra ese mal.

En fin. Vivo en un país surrealista, y las similitudes de la trama con los espacios medievales reales provocan que la serie me seduzca. Y estoy seguro que solo es cuestión de tiempo para que muchos especialistas suban al espacio de los grandes clásicos de la historia, a la trama de George R. R. Martin. Me parece un narrador excepcional, un gran jinete de carruaje: sabe cómo estirar cada rienda, y darle el ritmo adecuado a sus diferentes caballos, sin perder la dirección general de la carreta completa.

 

Si bien la saga tiene un hilo conductor central (la búsqueda del poder en el reino federado de westeros) las historias sucedáneas tienen otras complejidades adicionales que provocan que se alejen y acerquen de la premisa principal como abejas en un panal. Allí es donde se descubre la maestría del autor para lograr mantener entrelazadas las tramas, cercanas a su común denominador. Extrapolando al destino de los siete reinos, el sí logra una megaobra que logra mantenerse unida.

Como saben, no es mi costumbre ni mi deseo realizar resúmenes de los libros que leo. Solamente me gusta reflexionar sobre mis libros, y compartir esos pensamientos. Para resúmenes, allí tienen las páginas de lossietereinos.org, westeros.org, Wikipedia y nightwatchers. Solamente, para situar los escenarios, comparto brevemente lo que pasa con las familias protagonistas:

LOS STARK: Eddard es nombrado mano del rey por su amigazo, el borracho pero otrora valiente rey Robert. Ese nombramiento es un regalo envenenado. Las hijas se van a la capital (Desembarco del Rey) los hombres se quedan en Invernalia. El bastardo Snow se integra a la guardia de la noche, donde su nombramiento como mayordomo del líder le abre un mundo de posibilidades. Ned y Cathelyn se enteran del intento de homicidio de su hijo Brandon, cortesía de los Lannister. El hecho de que Ned se entere de que Robert tiene hijas e hijos bastardos (de prostitutas, generalmente), y de que los hijos de la familia real realmente tienen sangre 100% Lanister, desemboca en un conflicto que trae aparejada su muerte y ejecución. Y que comience la guerra.

LOS LANNISTER: Son como los constructores del Estado de México y de Hidalgo, en la administración actual. Es decir, amigos de Enrique Peña Nieto y Miguel Osorio Chong. Gobiernan el reino sin ser los que nominalmente lo gobiernan. Tienen vigilado el Rey Robert con la esposa (Cersei), el jefe de la guardia del Rey (Jaime), incluso con un escudero del rey. Aparte, pues algunos ya saben que los hijos son producto del incesto, por lo que en caso de muerte de Robert, hay que buscar un Baratheon para que lo suceda en el trono. Tienen la sartén por el mango, y una estupidez del rey Joffrey provoca realmente la guerra civil. La ejecución de Ned fue eso: una estupidez en su grado más puro. A diferencia de los Stark, saben evadir la cárcel. Tyrion escapará del calabozo, mediante el juicio por combate. Jaime permanece prisionero, en una batalla ganada estratégicamente por Robb Stark.

LOS BARATHEON: Están en ascuas. Desde la muerte de Jon Arryn, Staniss se fue a refugiar a Rocadragón. Renly sigue en desembarco del rey, pero se regresa a Bastión de Tormentas en cuanto acaece la muerte de su hermano Robert. Y Eddard se da cuenta al menos de una niña y un niño bastardos que tienen la sangre Baratheon. Ni modo por ellos. No pasarán de unas pequeñas líneas en este libro.

LOS TYRELL: De momento, sabemos que la hija de 14 años, Maerguery, se casa con Renly al final del libro. Y Loras Tyrel es el caballero por el que mueren todas las damas. Quiso ser comisionado para ir a encarcelar a la “Montaña”. Ned lo descarta porque el apuesto caballero busca venganza, no justicia. Al final del libro, estará al lado de la Casa Baratheon, pero apoyando a Renly.

LOS TULLY: Les toca una verdadera paliza cuando comienza la guerra. Los ejércitos de los Lannister asolarán su condado, hasta que llegan las huestes de Robb Stark y le ponen freno. Están, de momento asociados con los Stark y todo el reino del Norte.

LOS ARRYN:  Muerto Jon, su esposa está refugiada en nido de águilas, un castillo prácticamente inexpugnable dentro del reino del Valle. Cuida a Robert, su único hijo, enfermizo y sumamente bobalicón. Apoya a medias a su hermana cuando encarcela a Tyrion, aunque después lo libera tras ejecutarse el juicio por combate. Fuera de eso, no tiene participación en la guerra. Y sí: la escena de la lactancia tardía está basada en el libro.

LOS TARGARYEN: De hecho, ya solo quedan tres, que sepamos: Vyseris, el candidato al trono; Aemon, el maese de la Guardia de la noche. Y la protagonista principal de la dinastía. En efecto, en Daenerys -o Dany, como se le menciona coloquialmente- recae casi la mitad de la trama de este libro. Vyseris gestiona, junto con el obeso Illirio el matrimonio entre su hermana menor y el Khal mayor de los Dohrakis, con la esperanza de que en pago por semejante mujerón le entregue unos cuantos miles de soldados para recuperar los siete reinos. Todo al estilo de usos y costumbres de algunas zonas de Oaxaca.

Aparte de la traumática adaptación que implica para unos “westerosians” adaptarse a las costumbres semisalvajes del pueblo de los caballos, prácticamente todo va a salir mal, solamente como preludio de que lo mejor está por venir. Vyseris obtiene su corona de oro derretido, a causa de su patanería. Dany pierde a su hijo, en una suerte de rescate mágico para recuperar a su esposo. La compañía de Jorah Mormont será clave para su soporte emocional y la buena consejería. Ella sabe que los verdaderos hijos del dragón pueden soportar el fuego. Por eso se autocomplace al ver que su hermano se quema y muere con el oro derretido sobre su cabeza. Y su último acto de audacia -que da pie al final del primer libro- es quemarse junto con el cuerpo de su Khal, y los huevos de dragón. El desenlace lo sabemos todos.

NOTA ADICIONAL: ENCUENTRA LAS SIETE DIFERENCIAS.

No soy purista de los libros ni de la serie. Respeto la trama de cada cual. Sin embargo, sí me resulta interesante comentar qué partes de la historia tienen diferencias de fondo o forma. Así como en los periódicos aparecían las dos ilustraciones aparentemente iguales, para que el lector descubriera las siete diferencias, presento las siete -o las que sean- que su servidor encontró, y que todavía tengo frescas en la mente.

1.- LA EDAD DE LOS HEREDEROS: En la serie de HBO aparecen todos hechos unos jovenazos. Es decir, de edad reglamentaria, 18 para arriba. Ahora que vivimos en lo políticamente correcto me asombra que George R.R. Martin ni haya recibido alguna queja de parte de Derechos Humanos. Robb, Jon, Dany, incluso Joffrey, todos tienen menos de quince años. Y ya dirigen ejércitos, condenan a muerte, son casadas por sus hermanos mayores.

2.- LA CAIDA DE BRANDON: O Bran, para los cuates. Era un experto en escalar edificios. En la serie aparece como si súbitamente se encontrara en la ventana donde Jaime y Cercei estaban en pleno acto incestuoso. Y Jaime lo tira porque los vio “coucher”. En el libro, Brandon estaba trepando, y escuchó voces. Se acercó lo suficiente para seguir oculto, y escuchó todo un diálogo conspiratorio entre los hermanos. Claro, al final empiezan a copular, y Cercei lo descubre. Pero el motivo de su caída no es lo que vio, sino lo que oyó, aunque la incertidumbre de los Lannister parte del mismo punto.

3.- SER LORAS TYRELL Y RENLY BARATHEON: En la serie, ser Loras sigue siendo un caballero guapo que no ha salido del clóset. Pero ya se presentan escenas de eros y ágape con el consejero del rey, también de tendencias homosexuales. Pues en este primer libro no hay ningún indicio, y por lo tanto, ninguna escena, de que ellos tengan esas tendencias ni de que las ejerzan a escondidas. Bien machos, pues. ¿La homosexualidad es cortesía de HBO? Ya lo veremos en los siguientes libros.

4.- NED, Y LA VERDAD SOBRE LOS LANNISTER: Aunque en la serie siempre se deja ver que son familias que apenas se soportan, en el libro hay un diálogo y un hecho desde los inicios que indican que Ned ya sabía casi por completo a lo que se enfrentaba si admitía ser mano del rey. Aparte del cuervo que Lysa manda a su hermana, indicándole que está refugiada y que los Lannister mataron a su esposo, hay un diálogo de maridos que demuestra que sabían más de lo que en la serie se presume.

5.- LOS CUERVOS….HABLAN: Así es. No me refiero a los de la guardia de la noche. En el libro, los cuervos, esos animales que son el equivalente al Servicio Postal Mexicano de Westeros, repiten palabras cual si fueran cotorras. Punto a favor en la serie, por no hacerlos hablar.

6.- QUEMADA, PERO SIN DESPEINARSE: La escena final de la primera temporada, consiste en una Daenerys que sobrevive a la quema de su esposo, y es descubierta con tres dragones bebé. Bueno, el libro es más tácito. Daeneris, como toda Targaryen legítima, sobrevive al fuego. Sin embargo, su pelo se quema por completo, y aparece amamantando a sus dragones. Entiendo por qué HBO quiso suavizar la escena. Hubiera sido muy doloroso para Emilia Clarke grabar el final.

7.- LOS DOHRAKIS HACEN LO IMPORTANTE AL AIRE LIBRE: Por eso su ciudad es en realidad un gran campamento. Cuando Daenerys acude con Khal Drogo a su tienda, para consumar el matrimonio, lo hace solo como una especie de ritual previo. Tiene que deshacer su trenza, quitarle las campanas del pelo, y decirle unos cuantos piropos antes de que el Khal la monte, a la usanza de su pueblo. En la serie la consumación es dentro de la tienda. En el libro, toda cosa importante (incluso la consumación del matrimonio) se hace a la intemperie, para goce y deleite de la comunidad.

Es todo por el momento. No me canso de decir que el autor tiene un estilo narrativo magistral. Tengo algunas tareas pendientes: ya hablamos de la Guerra y la Paz, y también un ensayo de Slavoj Zizek sobre los migrantes en Europa y la nueva lucha de clases. Además, decidí comprar algo de Vargas Llosa, para que no me cuenten. Pero definitivamente volverán a leer de lo demás tomos de la saga.


martes, 10 de mayo de 2016

PORFIRIO DÍAZ, SU VIDA Y SU TIEMPO. Más que una reivindicación, una investigación.


Yo no sé si Porfirio Díaz sea uno de los personajes más polémicos de la historia de nuestro país. De lo que sí estoy seguro, es de que es el personaje de nuestra historia patria que ha logrado sobrevolar todos los círculos que Dante nos relata en su Divina Comedia. De lo más alto de las esferas celestiales, al séptimo círculo del infierno. Así lo hemos catalogado, en base a la ideología política del partido en turno.

Carlos Tello sabía que dedicarse a escribir sobre Don Porfirio – nótese que hasta le digo “Don”- era lo más parecido a reptar sobre un campo minado. En cualquier momento una bomba puede explotarte no solo entre las manos, sino en ese tortuoso sendero por donde se decidió reptar, a fin de lograr  atravesar el terreno.

La investigación histórica en México es un terreno oscuro, maloliente, escabroso. Los mexicanos necesitamos buenos y malos para sobrevivir. La construcción ideológica subyacente siempre se ha compuesto de conquistadores y conquistados. Nuestras pastorelas nunca omiten a los ángeles y a los diablos. Y si en la historia de nuestra nación, alguien logra hechos atribuibles como heroicos, debe de ser porque el maligno enemigo, el masiosare, impedía con sus plantas la erección de nuestros respetables derechos. Faltaba más.

De esta manera, la mayor parte del último siglo ha sido para considerar oficialmente a Porfirio Días, como uno de los “cocos” oficiales del país. Si bien hay intentos reivindicadores los últimos lustros, corremos el riesgo de no hacer las sumas y rectas exactas y terminar por reivindicar sin condiciones a un personaje que merece mejores análisis.

Sin embargo, creo que el intento de Carlos Tello Díaz, en el primer tomo de su trilogía sobre Porfirio, cumple como intento equilibrado de poner orden en nuestra casa común (la historia nacional). Ignoro si él tiene una suerte de parentesco por descendencia con el Prócer de la nación. Su apellido materno aparece maquiavélicamente sugerente, en la portada de los libros. Una vez que leemos sus reflexiones al respecto, creo que aparece la tranquilidad respecto de la fidelidad del autor a la historia. No a las ideologías: a la historia en sí.

Cuando comencé a leer este primer libro de Carlos Tello, inmediatamente me remití a mis años mozos, cuando era asiduo lector de muchas producciones del Colegio de México. El estilo es muy académico, aunque trata de atosigar lo menos posible con citas literales o al pie da la página. No por ello el autor dejó de ser exhaustivo: de 550 páginas que componen el libro, más de 100 son puras referencias. Agradezco que las incluya en el final, como un texto completamente separable.

En resumidas cuentas, el autor no realiza necesariamente una biografía, o siquiera una biografía novelada. Resuelve sus propios conflictos internos realizando un ensayo histórico, en el que el contexto es tan importante como el personaje.

En este primer tomo, resume los primeros 37 años de su vida. Y no es poco actuar. Escudriña suficiente en el pasado de su padre y madre, en la excesiva religiosidad de la época, en la estabilidad provinciana de las ciudades medias de la época -Oaxaca incluido- y en el devenir ideológico que se generó con la proclamación de la Independencia de México.

Toca los temas que, obviamente, la mayoría de historiadores tratan en referencia al Porfirio de infancia y juventud: Su infancia en el mesón de la soledad, sus estudios en el seminario, sus inicios como soldado en la guardia civil de Oaxaca, durante la guerra contra Estados Unidos. Y lo más importante: la forja de la leyenda, en su lucha contra los conservadores y también contra los franceses.

Eso no es nada nuevo. Recuerdo haber leído una biografía de Porfirio Díaz, obra de Nemesio García Naranjo. Un libro sumamente entretenido, dada la sencillez de su estilo. Sin embargo, más que una biografía, era una apología del personaje. Claro que agradezco la oportunidad de esa lectura, cuando todavía el Nacionalismo Revolucionario (PRI) era omnipotente en el país. De cualquier manera, agradezco el clima actual de incertidumbre ideológica, que permite que florezcan trabajos como los de Carlos Tello.

Personalmente, me encantaron las relatorías que elabora sobre la vida ordinaria en Oaxaca, basándose en los escritos de turistas extranjeros y habitantes locales de la época. Eso de levantarse a las 4:30 horas, rezar el Rosario, acudir a misa de 5:00, y salpicar el día con montones de oraciones y otro rosario por las noches, no lo hacen ni los talibanes en la actualidad. Y yo que creía (lo digo con cariño) que mi padre, de raíces alteñas, era un poco exagerado al respecto.

Igual de interesantes resultan las narraciones de las fiestas populares, las ferias del pueblo. Las especificaciones sobre el rancho de los soldados y la forma de transitar por los caminos de herradura. Si alguna persona es nueva en eso de leer a Porfirio, también le resultará interesante la descripción sobre la estrategia militar que empleó en cada una de sus batallas. El autor abarca todo el contexto posible, para ponderar mejor al personaje de marras. Los apodos locales de conservadores y liberales, constituyen la cereza del pastel.

Si bien hablamos de la parte más “positiva” de su biografía, hay que reconocer que el autor también explica con solvencia una parte oscura de la vida militar del Sr. Díaz. Previo a la ocupación francesa del sur mexicano, Porfirio fue jefe político de toda la zona. Sin recursos, sin presupuesto, con un país atorado económicamente, sus soldados fueron más bien una especie de chusma que cometía numerosas atrocidades en Oaxaca, lo cual provocó que los oaxaqueños imploraran la llegada de los franceses. Nadie es completamente blanco o negro.

¿Recomiendo la lectura del libro? Sinceramente. Pero tengo que aclarar que no es una novela, y que no pretende entretener. Realmente pretende exponer más luces sobre un personaje aparentemente muy “visto”, pero del que realmente faltan detalles por aclarar. Y el subgénero de ensayo histórico puede que no sea digerible para cualquiera.  Hay que leerlo sin deseo de terminarlo, de a poco. Y corroborar el documento con el monumento, como diría mi maestro de historia.

jueves, 31 de marzo de 2016

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS. Oblígate a pensar.

Los caminos de la vida no son como uno piensa, y no lo digo por citar a una famosa canción de "vallenato" que tuvo su auge en mi época universitaria (por fijar un parámetro tradicional de la edad,
es decir). Quería leer una cosa, y terminé con la lectura de algo más profundo, enormemente satisfactorio.

En mi anterior entrega les comentaba que ya tenía en mi librero, grueso y amenazante, un ejemplar de "La Guerra y la Paz". Ya se sabe que es un clásico de la literatura universal, el cual es capaz de provocar los máximos deleites a lectores fuertes y ávidos de la redacción detallada y formal (es un libro que desarrolla a más de 300 personajes). Pero también es un libro que, si se usa a la ligera, pueda vacunar a cualquiera en relación a su afición lectora.

Antes de acometer semejante empresa, nos dimos la vuelta mi esposa y un servidor por la librería del "basement" para los cuates. Quería comprar algún libro de pocas páginas y letras grandes, entretenimiento puro. Un buen bocadillo para entrar con avidez al plato fuerte que ya está reservado para nosotros. Como suele suceder, el vicio y la afición terminan por ganar. Terminé con una biografía de Porfirio Díaz, obra de Carlos Tello, y con un libro de John Maxwell Coetzee, uno de mis autores de cabecera. A este último dedico mis comentarios.

Coetzee no es un autor botanero, ni de literatura rápida. No es entretenimiento puro. Me atrevo a decir que sus libros son profundamente filosóficos, si adoptamos la definición de filosofía que nos propone Juan Villoro: buscarle sentido a la vida. Quería un libro para terminar en 3 o 5 días, y fue una novela breve que por acto de magia se convierte en metáfora, y obliga al lector a extrapolar todo lo leído con los graves eventos que en la actualidad sacuden a nuestro mundo.

¿De qué hablamos cuando platicamos de "Esperando a los bárbaros"? Es una novela corta. Se puede enmarcar en cualquier ambiente colonialista del siglo XIX. El personaje central es un magistrado, que tiene a su cargo algunas funciones ejecutivas y legales en una ciudad fronteriza del imperio. Y los bárbaros son la amenaza definitiva y permanente en los lindes de aquella nación.

Alguna vez comenté que mis escritores de cabecera eran Saramago, Calvino y Coetzee. ¿Qué he encontrado como elementos comunes entre Saramago y Coetzee? Que ambos son profundamente reflexivos e introspectivos. Que aunque se cambie la perspectiva del narrador, terminas por imaginarte todo en primera persona. Que sus relatos terminan por ser unas radiografías del mundo actual y de la vida humana, tan genéricas al principio, pero que encajan perfectamente con un poco de interpretación. Y que en muchas ocasiones sus personajes no tienen nombres propios. O si los tienen, son tan comunes que uno se da cuenta de que el personaje aplica a cualquiera, no a uno en particular.

Recuerdo el "Ensayo sobre la ceguera": el conductor, el doctor, la esposa del doctor. Los presos del ala a, del ala b. No hay nombres propios. En el caso de "Esperando a los bárbaros" tenemos al magistrado, a los pescadores, los niños que juegan afuera de la muralla, la muchacha con los tobillos quebrados, el padre ejecutado lastimosamente en presencia de su hija. Solo a tres personajes el autor les asigna un nombre propio: El Sargento Joll, el teniente Mandel, y la cocinera May. Dos de connotación negativa y una mujer que fue testigo pasiva de toda la tragedia. Interprétenlo ustedes.

El personaje central es el Magistrado. Lleva a cabo las labores administrativas en determinada ciudad fronteriza. No controla las acciones militares, ni de defensa del territorio. Vive en una ciudad protegida con una muralla, en las cercanías de un lago de aguas semisalobres. El paisaje natural asoma una cierta decadencia progresiva. Los cultivos cada vez rinden menos, el lago ofrece agua, aunque cada vez de menor calidad, y una estepa árida es la frontera natural entre las cercanías fronterizas y los territorios de los bárbaros.

De repente, se corre un rumor: los bárbaros planean invadir la ciudad. Y el Sargento Joll, ni tardo ni perezoso, atrapa a cuantos sujetos tengan una pizca de bárbaros. Las dificultades lingüísticas no son problema alguno, cuando tenemos el lenguaje universal de la tortura. Y si la tortura no funciona para obtener información relevante sobre la supuesta invasión, deja la conciencia tranquila en los conquistadores, pues algo se está haciendo. El magistrado observa estas imágenes de crueldad con un dejo de practicidad, no de probidad moral. "No tiene caso maltratar a estos inocentes, solo lograremos lo que intentamos evitar. El maltrato los volverá ariscos y proclives a la venganza".

La descripción que realiza Coetzee del maltrato inflingido a los nativos es realmente brutal. El primer tercio de la novela mueve a la compasión, y en mi caso me lleva a un viaje por el tiempo con las acciones de Leopoldo II en el Congo Belga, las misiones arbitrarias de los Norteamericanos en Vietnam, al caso Tuskegee en Georgia....pero incluso al trato que el régimen baazista de Bashar Al Asad y los militantes de ISIS aplican a gente cuyas creencias y estilos de vida son milenarios en el territorio de Siria e Irak. No cabe duda que pasado es presente.

En este punto de la novela, descubrimos que el magistrado es una persona con un atisbo de moral, pero su ética personal también tiene renglones torcidos: una vez que han liberado a los sobrevivientes de las razias militares, nuestro protagonista descubre en la calle a una jovencita, sobreviviente de los acontecimientos, que no puede caminar bien pues le fracturaron los tobillos en el cautiverio. Y quién sabe qué mas le hicieron.

Con una mezcla de compasión, fascinación y morbo raboverdiano, el magistrado se la lleva a su casa. Personalmente la limpia, le masajea tobillos y cuerpo entero. Se acuesta con ella todas las noches, aunque sin consumar nunca ningún acto de naturaleza erótica. Designa a la jovencita como ayudante de cocina, a fin de que tenga otro tipo de ocupaciones. No escucha, o no quiere escuchar las habladurías del pueblo, que contempla cómo un viejo viudo y panzón, en abuso de poder, ya no solo sale en las noches a conseguir furcias para un pago por evento, sino que además convierte el edificio de gobierno en una especie de hostal-harem de uso privado. Ya sabemos que lo que dice la gente rara vez cumple con exactitud en su relación con la realidad.

Todos estos actos se leen como decisiones asumidas de parte de los protagonistas. Es lo original de este autor. Y en medio de las decisiones, hay reflexiones sumamente interesantes sobre la condición del poder, de la vida humana, de la naturaleza de las cosas, del bien y del mal. Los hombres, antes de aprender los valores en el sentido ontológico y abstracto de su existencia, tuvimos que identificarlos en los actos concretos de las personas. Y en ese punto, Coetzee es un excelente escritor, pues plantea dilemas morales como tales, sin caer en los juicios categóricos.

Al terminar el invierno, el magistrado realizará una riesgosa expedición para devolver a la muchachita a los bárbaros, como un gesto de buena voluntad. Por supuesto que nadie le pregunto a la jovencita si realmente quería regresar a las montañas, a la rusticidad y dificultades propias de la vida nómada. Y pasan las de Caín en el trayecto.

El resto de la novela es una vorágine de sufrimiento, tanto para él como para el pueblo. Se le acusa de conspirar con los bárbaros y sufre indecibles maltratos en su estancia en la cárcel. Es ejecutado, aunque no muerto. Escapa y regresa de la cárcel por voluntad propia. Nadie ve a los bárbaros en la ciudad ni en las cercanías, pero ellos son los causantes de todas las desgracias: desde la inundación de los cultivos, hasta una "noche de la expiación".

No quiero contar más. El libro merece ser leído. Sé que estas líneas nunca llegarán a ojos de un puberto que busque facilitarse la tarea, buscando reseñas hechas de libros que en clase les encomiendan. Dudo que algún maestro de literatura o de taller designe a "Esperando a los bárbaros" como material para un proyecto o una tarea de lectura en casa. Pero debería. Como dije líneas arriba, me pareció un libro sumamente reflexivo y orientado a la búsqueda de sentido en la vida. Pero no un libro de respuestas, sino un libro que ayuda a hacer las preguntas correctas.

A medida que leía, no podía evitar comparaciones: Trump con los mexicanos, su amenaza permanente. Los gobiernos y sus políticas asistencialistas, difícilmente eficaces. Marcelo Ebrard y su deseo de darle al náhuatl categoría de idioma para enseñar en las escuelas del DF, cuando en la sierra del puebla los indígenas plugen por la enseñanza del inglés, para mejorar su vida cuando emigren a "Puebla York". Los policías de Papantla, de Tierra Blanca. Iguala y Tlatlaya. Porkys por aquí y por allá.

Y sobre todo, el eterno dilema del ser humano: el conflicto entre el bien y el mal. Nuestro magistrado es un tipo bueno, aparentemente, pero con muchas decisiones discutibles. La vida no se da en blanco y negro, todos tenemos una tonalidad de gris. O a rayas, como las cebras. A veces me pregunto si nuestro magistrado, humillado hasta el extremo y vilipendiado en la segunda parte del libro, podría encontrarse con el biógrafo adecuado. Convertiría estos episodios de su vida en actos de heroísmo, cuando realmente fue su instinto de sobrevivencia. ¿Puede ocurrir así con la vida de los grandes señeros de la humanidad? ¿Buda, Mahoma, Jesús, Zoroastro, Gandhi, MLK Jr y todos los que queramos, simplemente cayeron en las manos de los biógrafos adecuados?

Hay un congreso constituyente para redactar la Primera Constitución política del Estado Ciudad de México. En opinión de buena parte de los capitalinos, dicho congreso es una suerte de oportunismo, cobro de cuotas, algo de buena voluntad y sobre todo, esfuerzos inútiles por redactar algo que nadie en realidad pedía. Y que probablemente no impacte en nada en la vida cotidiana. Pero esos mismos capitalinos que ahora contemplan con azoro ese botín historiográfico, puede que en su ancianidad descubran con rabia cómo en los libros de texto se habla del gran momento que la ciudad vivió en el glorioso año de 2016. Por supuesto, no hablarán de la contingencia ambiental ni otras minucias.

Ese es el punto. Parece que la reivindicación de nosotros como humanos consiste en saber mostrar, más que demostrar, nuestro lado bueno. Ese lado que el magistrado no supo anteponer con sabiduría, y que casi le cuesta la vida.

Puede que no nos veamos durante un tiempo. Tanto la Biografía de Porfirio Díaz como la Guerra y la Paz son unos ladrillos. Mientras tanto, estaré aquí, leyendo y esperando a los bárbaros.

lunes, 14 de marzo de 2016

DISPARA, YO YA ESTOY MUERTO. Agradable sorpresa.



Confieso que hasta hace un mes desconocía casi por completo la labor literaria de Julia Navarro. La única referencia que tenía de ella, era la recomendación del libro en medio de las propuestas literarias de una revista de historia española, de la cual procuro comprar todos sus ejemplares. En medio de la oferta literaria que encontré en Gonvill,  aparecía este texto como novedad. La contraportada hablaba de la historia de dos familias en Palestina a lo largo de 100 años. Dado que tengo el Síndrome de Downtown Abby y de Ken Follet, el sumario me hipnotizó. Decidí comprarlo.

No me arrepiento. Me resultó un gran placer literario, a pesar de que el libro no es en realidad fácil. Aunque pueda sonar un poco apriorístico, puesto que no conozco otras novelas de Julia Navarro, me parece que su estilo personal es muy identificable, y no conozco a muchos escritores que logren un nivel magistral de descripción, basándose prácticamente en los diálogos de los personajes. De esta manera, la autora logra una densidad situacional que parecería casi imposible de digerir. Sin embargo, hace que fluyan las situaciones con naturalidad, como nadando en el Mar Muerto: lento, pero avanzas. Y seguro nunca te ahogas.

Parece ya una opción estereotipada el narrar las relaciones entre dos familias de diferente origen, pero unidas por la vecindad o los lazos comunes que las propias vivencias les han generado. Por un lado, están Los Zucker, judíos que en realidad son de Rusia pero que por los continuos pogromos y el antisemitismo rampante, tienen que evadir el peligro trasladándose a Francia, y luego a Palestina. En la contraparte, están los Siad. Árabes musulmanes devotos que descubren la ventaja de tener un jefe judío, para después sentirse amenazados por esa ola migratoria que reconfigura de nuevo los límites étnicos de su nación. ¿Les suena de actualidad?

La historia, como tal, empieza en un año no muy lejano a este 2016. Una delegada de Naciones Unidas tiene que realizar un estudio sobre las condiciones en que se están fincando asentamientos judíos en terrenos asignados a la nación palestina, lo que es motivo de protesta mundial. Miriam (así se llama esta delegada), ha entrevistado del lado de los campamentos de refugiados a descendientes de los Siad. Ahora ha querido entrevistar a Ezequiel Zucker, el anciano vivo de la dinastía judía. Aparentemente, la entrevista debería de ser un mero requisito, pero se convierte en un enorme diálogo que busca como final comprender, con la historia de esas familias, los acontecimientos que llevaron a una separación irreconciliable.

Tenemos a tres personajes importantes por el lado judío: Isaac, Samuel y Ezequiel. Y por el lado árabe, a Amhed, Mohamed y Rami. La historia empieza en San Petersburgo, donde Isaac Zucker es un comerciante de pieles. Tiene un tío en París que con esas pieles confecciona abrigos de la más alta calidad, vendibles a las damas de la aristocracia rusa. Los judíos viven en ascuas dentro de la decadencia social y política del Imperio Ruso. Los ataques son continuos, y si a los judíos se les relaciona con anarquista y comunistas, el desenlace es letal. El viejo Isaac huye de una aldea polaca para refugiarse en San Petersburgo, una cuidad cosmopolita donde se presume un ambiente de mayor tolerancia.

Poco a poco, la premisa se repite. Y obligará a Samuel a huir temporalmente a París, donde se cree que estará a salvo. Pero en Francia ha estallado el caso Dreyfuss. Y también Herzog y el movimiento sionista. Todos esos elementos son piezas clave de un rompecabezas que terminará con la migración de Samuel hacia Jerusalén.

En la otra baza de este póquer, tenemos a Amhed Siad. Un honorable musulmán que se ve en apuros ante el cambio de propietario respecto de la parcela que cultiva. Resulta que los judíos andan comprando terrenos, y se han convertido en los nuevos patrones. No saben cultivar la tierra, no saben cortar una cantera. Pero tienen ganas y un espíritu de emprendedurismo digno de envidia. Entre ambas familias, se va formando un vínculo de cercanía y de amistad que se romperá de manera abrupta con el conflicto árabe-israelí.

Se dice en pocas palabras. Pero realmente son 860 páginas de una narrativa magnífica. Insisto que Julia Navarro se detiene poco en la descripción de las cosas. Pone énfasis en los diálogos para completar esta parte. Y realmente pasan muchas cosas en las vidas de los protagonistas. Dado que estamos escuchando las voces de los protagonistas, el cambio del narrador de tercera persona a primera persona es sutil.

A quien le guste la historia, o le interese el conflicto árabe israelí, esta novela es una magnífica oportunidad de abundar en el tema, tomar el fondo de hechos reales que soportan las historias humanas, o incluso de poder entenderlo un poco más a ras de tierra. Está lleno de datos históricos verificables, aunque los personajes son completamente ficticios. Y es injusto mencionar solamente a los patriarcas de cada generación, pues hay una veintena de personajes satélite que son clave para que la historia se desarrolle de manera satisfactoria.

Eso sí, el final me sorprendió. El giro, aunque se pueda intuir, realmente no era esperado para mi, por la forma en que está dirigido el resto del relato. Me quedo con ganas de comprar otro libro de la misma autora, para verificar su proceso estilístico. Usualmente, los reporteros se tornan en magníficos escritores. El arte de reportar la realidad con la mayor objetividad posible se puede mezclar un la imaginación que estuvo atada durante un tiempo. Veo una obra equilibrada. Eso sí, no es fácil de leer. Tiene mucha información, personajes de gran densidad, y por más que lees, no avanzas tanto como te imaginas. Pero no importa. El libro es un placer.

Volveremos a vernos. Me tomé el reto de deshojar "La guerra y la paz". Pero antes de tomar un monstruo de mayor densidad que el que terminé de leer, ya encontré algo ligero que me permitirá afinar los ojos. En la siguiente, hablaremos de Coetzee.

Y por cierto, definitivamente recomiendo el libro de Julia Navarro. Te reta, pero es tremendamente satisfactorio.


miércoles, 10 de febrero de 2016

LA CANCIÓN DEL GLADIADOR. ¿Espías en el Imperio?


Me declaro un fiel admirador de la Civilización Romana. El grado de complejidad que alcanzaron las instituciones políticas y sociales de su época, solamente pudo ser equiparado hasta hace unos pocos siglos. Hablamos de un imperio con más de 50 millones de habitantes, en la época en que Constantino logra adueñarse de la parte occidental.

Sin embargo, hay detalles de sus usos y costumbres que me parecen desconcertantes. Obviamente me declaro incapaz de juzgarlos, pues sería injusto emitir juicios sobre hechos del pasado con los criterios que como sociedad hemos consensuado en el presente. Y en una sociedad veintiunonómica en la que un animal tiene casi tantos derechos como un humano, muchos se escandalizan al ver que en el imperio romano un esclavo o un gladiador eran lo mismo o menos que animales; prácticamente objetos, capital fijo o variable. Su buen o mal trato era por cuestiones de valor mercantil, no de dignidad.

Y no se diga de las intrigas políticas. Parece que los romanos le daban la vuelta a todos los grillos mexicanos, con amplia ventaja. Eso de los conflictos de interés, las mordidas, los contratos arreglados, extorsiones y escándalos por el aumento de la criminalidad, eran cosa de todos los días.

En ese entorno, Paul Doherthy escribe “La canción del Gladiador”. Título no del todo afortunado, a mi parecer. Puede que tengamos una opinión errónea sobre la línea argumental del libro, si nos basamos en esas palabras. Y los gladiadores son una segunda historia, supeditada a una línea principal: asesinatos palaciegos de cristianos, justo cuando las facciones de éstos están dispuestos a darse hasta con la cubeta, con la venia del Emperador.

Paul Doherty es historiador. Nos presenta una visión de ciertos personajes históricos que nos puede resultar chocante, o por lo menos inusual. Un emperador Constantino (San Constantino, para la Iglesia Ortodoxa) un tano venal, inconstante, frívolo, aficionado a las apuestas, al juego y a divertirse con escándalos ajenos. Una regente imperial Elena (Santa Elena para católicos y ortodoxos) a la que Catalina de Rusia se le queda corta: astuta, política consumada, maquiavélica, futura cristiana por conveniencia.

Eso no es todo, los cristianos se están poniendo de moda; ya surgieron desavenencias teológicas entre ellos. Y no están cerradas las heridas provocadas por las traiciones de varios de ellos hacia los que permanecieron fieles. Nos referimos a los tiempos de la última persecución. Y los “agentes in revus” eran esa especie de funcionarios locales del imperio romano que resuelven las cosas, aunque no se queden con el mérito nominal. Espías, gestores, investigadores, paramilitares. En suma, eran los “coyotes” del imperio. Famosos por su eficacia.

Vayamos a la historia, Claudia es una mujer joven. Su tío Polibio maneja una taberna. Parece ser la amante de Murano, un liberto que es uno de los mejores gladiadores de la época.  Sin embargo, su labor fundamental consiste en ser la espía o “agente” más avispada de Elena, Emperatriz y Augusta.

En la historia se nos ha contado que Constantino se ofreció a mediar entre los cristianos, para facilitar la paz en su imperio. En el libro se nos presenta a un Constantino, ebrio consetudinario, que se divierte con las disputas entre ortodoxos y arrianos. Y que la emperatriz Elena se afana por obtener objetos sagrados como si fuera una especie de fijación insana (la espada con que mataron a Pablo, la Cruz de Cristo) que le reporta satisfacción y control de las situaciones.

Como había comentado, hay un par de historias que tienen el común denominador de Claudia. En la primera, será la encargada de establecer un CSI romano para descubrir al o a los perpetradores de algunos crímenes non sanctos: el robo de la espada paulista, y los asesinatos cuyas víctimas son cristianos herejes. Todo ocurre en la villa imperial, para vergüenza de las autoridades.

Y la segunda historia consiste en la venganza que siempre ha deseado Claudia respecto de aquel que en el pasado mató a su hermano y la violó a ella. Solo tiene el recuerdo de su voz, su aroma nefasto, y un tatuaje debajo de la muñeca con emulaciones al cáliz de Baco.

Poco a poco, las dos historias se entretejen, para concluir casi de manera armoniosa en la resolución de ambos casos. Y un tercer vector se deslinda cuando, en las páginas iniciales, Murano combatiría a muerte con Espiterio; no lo hacen porque el segundo acusa de envenenamiento. Nos sumergiremos en el mundo de las apuestas y de los recursos ilícitos para obtener las ansiadas victorias en la arena.


La narrativa de los acontecimientos esa muy buena, aunque en ocasiones choca la imagen que Paul propone de los personajes, con la que la historia generalizada difunde. Pareciera que arma un tablero de situaciones que deben de llevarnos a las conclusiones lógicas y deductivas con las cuales Claudia encuentra a los autores de todos los crímenes. Sin embargo, al toparnos en el libro con dichas situaciones, parecen un tanto salidas de la manga.

En síntesis: una buena descripción de lugares, una sobria descripción psicológica, falta algo más de profundidad en el desarrollo de las investigaciones (parte fundamental de la historia) y un cierre que parece un tanto atropellado en elementos y tiempos, comparado con el planteamiento.

Paul Doherty tiene mucho que ofrecer, y no dudo que existen lectores que gusten de su estilo. Peor no creo que muchos. Compré su libro en una oferta, y veo que la traducción al español tiene una sola edición. Asuntos aparte, me hizo “ruido” el leer frases como “se comió una mazorca de maíz”, o “anda borracho como una cuba”. Anacronismos evidentes en el Imperio Romano. ¿Error del traductor?

Y no encuentro justificación para que se llame “La Canción del Gladiador”. No encuentro una frace que sirva de enlace o la cita en sí. Ninguna de las situaciones que se presentan hacen racional la elección de las primeras palabras. Hay gladiadores, hay corrupción, amaños de apuestas, asesinatos. El título evoca algo más particular, intimista incluso.

Disfruté en parte la lectura del libro. Creo que no leería otra obra de este autor. Ahora que, con las excavaciones del metro de Londres en los últimos años, salen a la luz vestigios de aquellas épocas, es deseable que algún autor una documentos con monumentos, y nos regale una buena historia de aquellos tiempos y lares.

miércoles, 27 de enero de 2016

EL UNDÉCIMO MANDAMIENTO. No dejes de leer.


Definitivamente me he convencido de las dotes narrativas de Jeffrey Archer. Autor muy leído en su época más productiva, y me lamento por el hecho de que me enteré de la existencia de su obra hasta tiempos recientes. Aclaro que para un servidor, el enterarme significa estar en contacto, leer.

Después de la grata experiencia que me dejó "Kane y Abel", decidí experimentar de nuevo el placer de la lectura con otro best seller del citado autor. Ante la escasa existencia de ejemplares en la librería, opté por una novela de espías: El Undécimo Mandamiento.

¿Diferencias con el libro anterior? Por supuesto. Es un libro un 30% más corto, abarca una extensión de tiempo de unos cuantos meses, y la trama refleja menos los complicados argumentos interiores de las personas, y más sus reacciones evidentes ante los hechos que se les presentan. Pero de la misma manera, la narrativa prioriza los hechos sobre las descripciones, cuando le parecen innecesarias. Archer se da el tiempo suficiente para cimentar de manera suficiente el perfil psicológico e histórico del protagonista principal -Connor Fitzgerald-, y no deja cabos sueltos para otros personajes de vital importancia: Jackson, Zerinsky, el presidente Tom y la jefa de la CIA, Helen Dexter.

Lo mejor de todo es que el soporte ideológico de la novela nos parece perfectamente verosímil en casi todos los puntos, excepto quizás en el hecho de que, en las postrimerías del Siglo XX, una agencia de inteligencia internacional mate a presidentes y candidatos de varios países como si estuviera de temporada de casa en Wisconsin. Hilos negros mueven la historia mundial, por debajo del agua. Sin caer en las exageraciones de los Sabios de Sión o la Cofradía de la mano "endeble", como dijo una tía.

En esencia, la novela se basa en la labor de uno de los mejores agentes encubiertos de la CIA, Connor Fitzgerald. Veterano de la guerra de Vietnam y orgulloso de su sangre irlandesa, ha capoteado con buenos resultados sus 28 años de misiones riesgosas. Le quedan unos cuantos meses de jubilación. Su lealtad al presidente es mayor que su devoción a la CIA. Su última misión, sumamente riesgosa, consistió en asesinar a un candidato a la presidencia de Colombia, ligado con el narco.

Por otro lado, tenemos a Helen Dexter. Es la jefa de la CIA los últimos 25 años. Es el diablo en persona. Se considera la persona con mayor poder en Estados Unidos, dado que a los presidenes los validan las elecciones, pero ella permanece. Y si es el caso de que intenten destituirla, tiene grabados a todos los funcionarios públicos, y puede sacar sus trapitos al sol. Hoover es un Boy Scout comparado con la maldita Helen.

Y en la tercera banda, tenemos al presidente Demócrata, Tom Lawrence. Parece convencido de su misión como reductor de la carrera armamentística, pero ello depende del ambiente internacional que prevalezca. El hecho de que un candidato pro-comunista como Zerinzky, pueda ganar las elecciones en Rusia, complica su proyecto presidencial.

En esta carambola de tres bandas, Connor puede convertirse en la cabeza de turco que la Directora de la CIA necesita, para tapar su rastro sobre operaciones no autorizadas por el presidente. Y de buenas a primeras nos encontramos con la mafia rusa, con la lealtad de un amigo, con las investigaciones sobre las investigaciones y con que todos vigilan a todos.

Eso es lo de menos. A la mitad del libro, el libro toma un ritmo que es vertiginoso, y obliga al lector a querer terminarlo cuanto antes. Vuelve sea sensación de adicción a la lectura que tantas satisfacciones me produjo en el libro anterior.

Jeffrey Archer es muy bueno en cuanto a los giros de tuerca y las situaciones inesperadas. Si en el libro anterior me jactaba de haber descubierto el hilo negro con anticipación, también debo de reconocer que en las páginas finales me topé con otras sorpresas agradables. Debo reconocer que, a la mitad de este libro, no tenía certeza sobre el desenlace, debido a que el nudo se volvía cuanto más gordiano podía ser.

Parece un libro hecho para que Harrison Ford lo haga vida en una película. Y definitivamente, acudiría a las salas de cine.  ¿Recomendable? Por supuesto. No niego que tengo harto trabajo en estos días, pero sigo con la racha de tomar el libro en mis ratos libres, o antes de dormir, en vez de conectarme a la caja maldita de la televisión o al sendero Dantesco en el que se ha convertido Nextflix.

Hasta la próxima. Ahora tengo una de romanos y gladiadores, de la autoría de Paul Doherty. Ya les contaré al respecto.